Farruquito baila con Zambra

  • Con motivo de su 25 aniversario, por primera vez un bailaor ha encabezado el cartel de la Noche Flamenca celebrada en la aldea de Rute

Con Farruquito, el baile ha vuelto por todo lo alto al festival

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El duende volvió a conquistar Zambra. Esta vez la singular aldea de Rute se nutrió de arte por dos surtidores, el cante y el baile. La XXV Noche Flamenca quedará como la primera en que un bailaor ha encabezado el cartel. La ocasión merecía algo especial. Así, junto a los actos paralelos de promoción del flamenco, se ha optado por recuperar el baile por todo lo alto, con un maestro: Farruquito. El baile ha sido “el Guadiana” del festival. Durante mucho tiempo sirvió para abrir la noche y reanudar tras el descanso. Después, se perdió y se volvió a recuperar para perderse de nuevo. Con la presencia del genio sevillano se ha dado un toque de distinción a una edición sin duda especial.

Antes y después de que subiera al escenario, el cante fue otra vez seña de identidad de la velada presentada por el periodista Manuel Curao. Hasta seis voces sonaron junto al río Anzur para terminar pasadas las cinco de la mañana. La oferta colmó las expectativas de las dos mil personas venidas de Rute, la comarca y numerosos puntos de Andalucía, como confirmaban los autobuses en las inmediaciones. En un aniversario redondo, la Peña Cultural Flamenca de Zambra ha sido más fiel que nunca a su noche. Tres piedras angulares de este cuarto de siglo sustentaban la base del cartel. Más allá de lo entonados que estén, sus incondicionales los aclaman y sus nombres son esencia del festival: Miguel de Tena, El Cabrero y Julián Estrada, primera insignia de oro de la Peña.

El resto del programa resume los motivos que han hecho de esta Noche Flamenca un referente andaluz, con una combinación de artistas consagrados y emergentes, y el nexo común del cante jondo. Los gaditanos María Fernández “Terremoto” y Antonio Reyes Montoya lo llevan en las venas y garantizan que sus respectivas sagas de artistas tienen continuidad. En cuando a la onubense María López “Argentina” ejemplifica la simbiosis y la facultad de Zambra para consagrar talentos. Hace cuatro años se doctoró en la aldea y ha vuelto a sentar cátedra y dejar constancia de que ya está entre los grandes.

A Juan Manuel Fernández Montoya esa grandeza le viene desde niño. Nieto de otro histórico, “El Farruco”, heredó su apelativo para luego labrarse su propia leyenda. Cuando está sobre las tablas, no baila, sino que habla, dialoga, conversa con el resto del cuadro que le acompaña. A cada quejío de garganta o punteo de guitarra él responde con las sentencias de su taconeo o la pintura efímera que dibujan en el aire sus brazos y sus contorsiones. Farruquito ha bailado con Zambra para celebrar las bodas de plata del festival. Y al cabo del tiempo, la aldea mantiene intacto su idilio con el duende.

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