La Hoz recibe septiembre con sus Fiestas en honor a la Virgen del Consuelo

  • La aldea ha congregado en este tramo final del verano a personas del resto de Rute y otras que tuvieron que emigrar en su día de este singular paraje


Procesión Nuestra Señora del Consuelo 2018

Como cada primer fin de semana de septiembre, Rute ha vuelto la mirada hacia una de sus aldeas más pintorescas, La Hoz. Su incomparable entorno natural hace que apetezca acercarse hasta allí, incluso cuando los rigores del calor no han castigado tanto, como ha ocurrido este verano. Sus huertas y la proximidad del río que le da nombre convierten al paraje en un oasis de frescor cuando los termómetros se elevan. En ese marco esperan al visitante las Fiestas en honor a Nuestra Señora del Consuelo cuando el verano apura los últimos sorbos de las vacaciones. Este año han caído en la fecha más baja posible, ya que el mes se ha estrenado justo en sábado, el día que sale en procesión la imagen. El programa completo arranca antes, el jueves, y termina el domingo, con “la subastilla”.

  • La cofradía tiene pendiente el inminente arreglo de la ermita, que acusa la falta de una cimentación adecuada

Por medio, hay cuatro días de religiosidad popular y vuelta a casa. Porque La Hoz es sinónimo de reencuentro, de quienes se han ido unas semanas y de quienes se fueron más lejos y si volverían a ese vergel de huertas que quedó bajo el manto de historia del Pantano. Puede que el resto del año sean muy pocas las personas que quedan en la aldea, pero unos y otros regresan temporalmente a la llamada de estas fiestas. Puede ser una de las razones de que sean tan participativas, aunque los miembros de la cofradía creen que son muchos pequeños detalles los que las hacen tan entrañables.

Sin duda, la mezcla de lo religioso y lo social siempre atrae público. Para reforzar ese espíritu de convivencia, el año pasado se apostó por un concurso de platos típicos de la comarca, justo a continuación del rezo del santo rosario, que aquí se hace acompañado de música en vivo. Sus promotores no quieren que, como las huertas, recetas caigan en el olvido cuando desaparezcan las generaciones actuales. Pero a su vez, llevando allí los platos, se propicia la conversación. El viernes se mantiene la tónica, y a la misa sucede la cena de hermandad, para la que no se venden entradas. La gente se limita a acercarse y pagar, con el añadido de que nunca quedan huecos.

La jornada del sábado volvió a ser la más especial. Por la mañana se abrió la mesa de regalos y la tarde deparó las clásicas carreras de cintas. Fueron el preámbulo a la salida de la imagen. La falta de costaleros obligó a apostar por sistema de ruedas para empujar el trono, pero no ha mermado la curiosidad de quienes se acercan a disfrutar de esta original procesión. Con el acompañamiento de la Agrupación Musical Santo Ángel Custodio, las autoridades y el resto de cofradías ruteñas, la comitiva recorrió la aldea para culminar con el espectáculo piro-musical junto a la ermita. La noche terminaría con la primera parte de la subasta, que estuvo amenizada, como en la víspera, por la Orquesta Ébano. Al día siguiente, se echaría el cierre con la llamada “subastilla”.

Arreglo de la ermita

Aunque han sido días de celebración, la cofradía no pierde de vista el problema que tiene pendiente con el arreglo de la ermita. Su secretario, Adolfo Villén, ha dado la voz de alarma, asegurando que “se cae”. En su momento, por la urgencia de tener un sitio para guardar el cuadro, la obra se hizo “sin la cimentación adecuada”. Como apunta Manuel García Iturriaga, coordinador de la revista, es una cofradía “sin Mecenas”, que sale adelante “con la ayuda del pueblo en general y de nadie en particular”. Ya tienen presupuesto y, en palabras de Villén, la idea es acometer “al menos la primera fase” tras estas fiestas. Aunque la cofradía se caracteriza por no pedir, tanto él como el presidente Perfecto Rodríguez han señalado que están abiertos a cualquier colaboración.

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