La presencia del siluro amenaza con acabar con los peces autóctonos del Pantano de Iznájar

  • Se hace viral un vídeo grabado por un pescador ruteño, donde se ve cómo esta especie invasora remonta las chorreras del río La Hoz en busca de bogas

El siluro devora a todas las especies que encuentra en el Pantano

Miembros de la asociación Amapisa alertan sobre la problemática del siluro en el Pantano de Iznájar

A finales de marzo, un pescador ruteño, José Manuel García, grababa un estremecedor vídeo en el río La Hoz. Mostraba hasta qué punto se ha expandido el siluro por el Pantano de Iznájar. El vídeo se ha hecho viral. Sin embargo, la situación no es nueva. Él y Rafael Serena son presidente y vicepresidente de la Asociación Medioambiental de Pescadores del Pantano de Iznájar “Lago de Andalucía” (Amapila). Sus miembros, pescadores de Rute y otros pueblos de la comarca, son socios colaboradores de la Estación Náutica y están integrados en la Plataforma en Defensa por la Pesca.

  • Varios factores impiden volver atrás: la voracidad del pez, la falta de depredador, su facilidad para reproducirse y un ecosistema favorable

Desde febrero colaboran de forma oficial con la Consejería de Medioambiente en un trabajo de campo que viene de lejos. Por eso, tienen autorización para moverse por toda la lámina del Pantano incluso de noche. Hace un año invitaron al personal de la Junta a ver el tema in situ. La pandemia lo impidió y García ha vuelto justo cuando las bogas remontan el río para el desove o puesta de huevos y los siluros suben por las chorreras para su caza. Allí o en otros puntos del embalse “se lo comen todo”, ya sean barbos, carpas, black-bass o bogas, especies que están “casi extinguidas”.

En un entorno propicio llega alcanzar dimensiones de casi dos metros de largo

El siluro “no tiene un depredador natural”, al no ser autóctono de la zona. Procede del entorno del Danubio, en Centroeuropa. A España llegó en los años 70, a la cuenca del Ebro. En el Pantano de Iznájar se confirmó su presencia en 2011. Dos años antes, recuerda Cuesta, se había detectado el mejillón cebra. Ello trajo restricciones que contribuyeron, apostilla su compañero, a que el siluro se expandiera sin control.

Los pescadores se sienten “demonizados”, cuando defienden que son los primeros que velan por el medioambiente y el ecosistema, y por la pervivencia de la pesca “como dinamizador económico en entornos rurales” en Rute y otros municipios ribereños. La aparición de estas dos especies invasoras coincidió con la anterior crisis económica. Entienden que las medidas tardaron en llegar y ahora es muy difícil revertir la situación. De hecho, Serena sentencia que, a día de hoy, y en un medio acuático, “no hay posibilidad de volver al punto cero”. No obstante, hay que intentar reducir su presencia en el Pantano y el daño “tremendo” que ha hecho a las especies autóctonas.

Varios factores impiden esa vuelta atrás: la voracidad del pez, la falta de depredador, su facilidad para reproducirse y un ecosistema mucho más favorable que el del Danubio. De ahí que haya alcanzado dimensiones de dos metros y entre 65 y 70 kilos de peso. Eso sí, García desmiente que haya ejemplares que pasan de cien kilos, como se ha dicho. También subraya que hay pescadores a quienes “les gusta el trofeo” y lo pescan para devolverlo al agua, cuando es algo que está prohibido. Para evitar su proliferación, si alguien encuentra un ejemplar debe sacarlo y eliminarlo.

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