La cofradía del Cristo de la Misericordia se alza con el primer premio del concurso de cruces

  • La participación de esta edición ha alcanzado la docena de cruces, casi todas adultas

  • El evento, aparte del aspecto religioso, sirve para estimular la creatividad y fomentar la convivencia

La cruz ganadora recreaba el entorno de un patio andaluz, con una decoración amplia y minuciosa
La cruz ganadora recreaba el entorno de un patio andaluz, con una decoración amplia y minuciosa

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Como cada año llegadas estas fechas, de nuevo las cruces han cobrado vida en Rute. No es sólo una forma de referirse al hecho religioso de la Resurrección. Más allá del símbolo cristiano que representan las Fiestas de Mayo, el concurso de cruces ha aunado ese triunfo de la vida con la eclosión de la primavera y el carácter propio de los pueblos andaluces. Elaborar una cruz es por supuesto festejar lo que representa en el plano religioso, pero también es darle el color y la luz de la tierra en esta estación primaveral, infundirle vida a través de las flores con que se adornan. Este año se han podido ver una docena de ejemplos, repartidos por todo el casco urbano de Rute. Han sido las participantes en el concurso que convoca, en colaboración con la delegación de Festejos del Ayuntamiento, la cofradía de la Vera Cruz, como uno de los platos fuertes de sus Fiestas de Mayo.

La única cruz en categoría infantil reproducía todo lo habitual en un coso taurino
La única cruz en categoría infantil reproducía todo lo habitual en un coso taurino
  • Disfrutan de la experiencia, aunque nunca viene mal un premio, más por el reconocimiento que por la cuantía en sí
  • Bien para confeccionar la cruz o adornar el entorno, los participantes llegan a dedicar hasta varias semanas

A ellas se sumaba la que el propio Ayuntamiento, fuera de concurso, había situado en el Paseo Francisco Salto, como una forma de contribuir con la iniciativa dando ejemplo. La gran mayoría, once, han participado en categoría adulta, mientras que esta vez sólo ha habido una en categoría infantil. Fue la presentada por una decena de familias que vive en las inmediaciones de la Plaza de la Paz y la Concordia. La cruz estaba elaborada con flores de papel, pero lo llamativo era el entorno, que recreaba un coso taurino. La plaza constaba del clásico burladero, el correspondiente tendido y hasta una grada presidencial. Por no faltar no faltaba ni la socorrida capilla. Todo el entorno había sido hecho con material reciclado.

La competencia estaba, por tanto, en la categoría adulta. Quienes participan en una cruz siempre insisten en el buen rato que pasan elaborándola, la convivencia entre vecinos y el estímulo de imaginación que supone. Disfrutan ante todo de la experiencia, pero nunca viene mal un premio, más por el reconocimiento que por la cuantía en sí. Así, el primer premio, y desde luego las mayores alabanzas, se las ha llevado la cruz elaborada por la cofradía del Cristo de la Misericordia, en la sede de su casa de hermandad. Pese a estar en interior, se había aprovechado el patio de la casa para fomentar esa seña de identidad del mayo cordobés. Todas sus paredes estaban decoradas de forma minuciosa y primorosa con macetas. En el centro de la cruz de flores se había colocado el escudo de la cofradía, y bajo ésta había un surtidor de agua.

Muy cerca de la casa de hermandad, en la Plaza Nuestra Señora de la Cabeza, estaba la cruz que ha logrado el segundo premio. Ha sido la del grupo joven de la cofradía de Jesús de la Rosa. Más de cuarenta personas han dado forma a una idea de Marcos García Jiménez, integrante del grupo joven. Entre todos habían pintado de rojo a lo largo de tres meses las 2478 chapas de botellines que recreaban las 413 flores que componían la cruz. Otro grupo joven, el de la cofradía de la Vera Cruz, se ha llevado el tercer premio. En su caso, habían apostado por reflejar lo más representativo de Rute, desde un abanico gigantesco, con una imagen panorámica del pueblo, a nuestros mantecados o un alambique que, pese a tener casi un siglo de antigüedad, aún puede destilar nuestro emblemático anís.

Pese a quedarse sin premio en metálico, todas las demás cruces participantes han tenido los elogios propios del esfuerzo y el tiempo dedicados. Bien por el entorno o por la cruz en sí, siempre requiere un esmero y un mimo especial su preparación. En unos casos, como la del grupo joven de la archicofradía del Carmen, pese a ser claveles naturales blancos, se habían pintado en parte de marrón, a juego con el hábito carmelitano. En otros muchos, la paciencia hacía falta para confeccionar las flores. Las 316 de la cruz del grupo joven del Abuelito estaban hechas con papel de color, mientras que Arapades ha empleado este año pasta alimenticia pintada en rojo, recubierta de purpurina, sobre bases de corcho, para las 270 flores de su cruz. Por su parte, los vecinos de la calle Sagasta habían recurrido al papel para hacer 80 flores más pequeñas y a botellas de plástico para otras 18 flores más grandes.

Otras cruces, en cambio, han apostado por el entorno. La del Círculo de Rute sumaba más de cuarenta instrumentos musicales, auténticos o en miniatura. Un grupo de vecinos de Blas Infante se decantó por el patio cordobés, con un tendedero para la ropa y un pozo de agua. En la residencia Juan Crisóstomo Mangas, los mayores han hecho alusión al Año Jubilar de la Misericordia. Por último, no ha faltado la contribución de la cofradía de la Vera Cruz, aunando los motivos religiosos con otros elementos típicos de un patio andaluz. En conjunto, todas las participantes han aportado un importante granito de arena para la convivencia y la creatividad, para hacer hermandad y reforzar una de las señas de identidad de las Fiestas de Mayo en Rute.

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