Zambra hace eterno a “El Cabrero”

  • El emotivo recuerdo al cantaor más señero de la Noche Flamenca abrió una edición en que dos mujeres, Argentina y Mayte Martín, han encabezado por primera vez el cartel

Argentina hizo honor a su condición de cabeza de cartel y se entregó en cuerpo y alma junto al río Anzur

La XXXII Noche Flamenca de Zambra ha venido marcada por una ausencia. No ha sido la de algún artista que a última hora se cayera del cartel y tuviera que ser reemplazado sobre la marcha. Quien faltaba, quien falta en presencia ya para siempre, es su cantaor más emblemático, el más representativo, uno de los que más ha contribuido a engrandecer la mística del festival. José Domínguez, “El Cabrero”, falleció semanas antes de esta edición, pero se fue con la satisfacción de haber recibido todos los homenajes posibles de la aldea y de la Peña Cultural Flamenca de Zambra. Como apuntó el alcalde David Ruiz, le faltó ser nombrado Hijo Adoptivo de Rute, pero aquí se sentía como un hijo de la aldea.

  • Junto a las dos cantaoras y el recuerdo de “El Cabrero”, otro de los momentos destacados llegó cuanto Ezequiel Martínez hizo cantar al público

Seguirán llegando los homenajes, con más calma, con la pausa de un año para preparar algo a la altura. Pero el primero póstumo fue conmovedor en su propia sencillez. En un rincón del escenario estaba la silla de José vacía, con su característico sombrero colgado de un pico del respaldo; del otro, el pañuelo que solía anudar a su cuello; enganchada por detrás, una rosa; y por delante, un cuadro con una fotografía en blanco y negro del genio de Aznalcóllar, en un gesto muy definitorio de sus actuaciones, cuando alzaba los dos brazos cada vez que convertía la rabia en arte a través del cante.

Esa imagen estampa en la esquina del escenario a todos los artistas a los que fue dando paso Manuel Curao, periodista, flamencólogo y referente en los últimos años como presentador y conductor del festival. Abrió la noche Rubito Hijo, haciendo honor a la estirpe de la que bebe por malagueñas, tientos, tangos o seguiriyas.

Su recital dio paso a las dos mujeres que encabezaban el cartel de este año. Argentina va camino de convertirse en otro referente del festival. Aún no suma tantas ediciones como el de Aznalcóllar, pero de momento ya ha pisado cuatro veces las tablas junto al río Anzur. Y se siente a gusto, no sólo por el agradecimiento que expresó por volver. La “choquera” dejó fluir esa sensibilidad con el público por palos habituales por estos lares, como las bulerías, las seguiriyas o los tangos, pero también con otras ramas imprescindibles del cante jondo como la guajira, la zambra (con tientos) o los caracoles. Y como la noche iba de homenajes al maestro, quiso dejar una tanda de fandangos de su Huelva natal, tan del gusto de José Domínguez.

Si Argentina está escribiendo letra a letra su nombre en la historia del festival, Mayte Martín se sacó la espina de su ausencia de hace dos años. Un contratiempo de salud le impidió volver en 2024 a dejar el buen sabor de boca de su primera visita, allá por 2015. Como apuntó Curao, Martín es el reflejo de la emigración andaluza a tierras como Cataluña. Allí se crio, pero su garganta lleva la esencia del cante andaluz. Lo demostró arrancando por tarantas mineras (cantes levantinos), por malagueñas o seguiriyas. Sin duda, la espera de dos años mereció la pena.

Tras el descanso, el protagonismo pasó al baile. Y ahí apareció un nombre llamado a hacerse un hueco entre los grandes. Con apenas 24 años, Juan Tomás de la Molía firmó una actuación de enorme madurez artística. Su recital transitó por la soleá y la seguiriya, dos de los palos más exigentes para cualquier bailaor, con una naturalidad impropia de su juventud.

El relevo lo tomó Ezequiel Benítez, uno de los cantaores más personales del panorama actual. Compositor y autor de letras para otros intérpretes, el jerezano volvió a demostrar que su principal fuente de inspiración sigue siendo el flamenco sentido desde dentro. Su recital recorrió los tientos, la soleá y los fandangos, antes de desembocar en unas bulerías que transformaron el ambiente del recinto. Con “El baile del gorrión”, Benítez contagió a los aficionados, que acabaron acompañándolo con palmas y coros desde sus sillas.

El broche lo puso Antonio Reyes, que hizo doblete en Zambra después de actuar en la localidad malagueña de Guaro. El cantaor chiclanero confirmó por qué está considerado un referente del cante actual. Sereno, dueño de un temple privilegiado, ofreció un recital de enorme categoría. Arropado por parte de su familia artística, su actuación abarcó seguiriyas de gran profundidad, soleares y fandangos, antes de cerrar con unas bulerías que pusieron el brillante punto final a la velada cuando el alba empezaba a asomar por el este de Rute.

Una vez más, el recinto junto al río Anzur volvió a llenarse de aficionados llegados desde distintos puntos de Andalucía para disfrutar de una de las grandes citas estivales con el cante jondo. Así viene ocurriendo desde hace más de tres décadas, como atestigua la exposición de carteles de las diferentes ediciones instalada en la entrada del recinto. Este recorrido por la historia del festival se está convirtiendo en lugar obligado para fotografiarse, conscientes quienes lo hacen de que en cada cartel la leyenda de Zambra se agiganta.

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