Un veterinario de Rute colabora en el desarrollo de una vacuna española contra la Covid-19

  • Pedro José Sánchez Cordón coopera con tres grupos como jefe del Servicio de Patología del Centro de Investigación en Sanidad Animal de Valdeolmos

El veterinario ruteño en Servicio de Patología del Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA)

Pedro Sánchez Cordón explica su papel como veterinario en el desarrollo de la vacuna anti-Covid

Entre la comunidad científica que desarrolla los prototipos para una vacuna española contra la Covid-19 se encuentra un veterinario de Rute. Pedro José Sánchez Cordón es licenciado y doctor en Veterinaria por la Universidad de Córdoba. Especializado en enfermedades víricas animales como la peste porcina africana o la lengua azul, su trayectoria lo llevó a Reino Unido de 2011 a 2020. En la Agencia de Salud Animal del Ministerio de Agricultura británico y otros centros de referencia ha colaborado en proyectos para el desarrollo de vacunas frente a enfermedades animales y humanas como tuberculosis, gripe o fiebre del Nilo occidental.

Sala de necropsias del CISA llevando los trajes de protección biológica
  • Una gran inversión no garantiza el éxito, sino que en la vacuna también influyen otros factores como la suerte, la complejidad del virus y la experiencia previa

Ese bagaje le facilitó en 2020 su incorporación al Centro de Investigación en Sanidad Animal de Valdeolmos (Madrid), perteneciente al CSIC. Allí es jefe del Servicio de Patología y colabora con varios grupos de investigación en el desarrollo de vacunas para prevenir enfermedades víricas animales y humanas, incluidas las del coronavirus. Como recuerda, la función principal de un veterinario es “prevenir la salud en los humanos a través del control de las enfermedades en los animales”. Ahí hay un área importante de investigación. En ese contexto, participan en la creación “no sólo de vacunas, sino de otros fármacos”. Así, poco a poco se fue implicando en las zoonosis, enfermedades animales que pueden afectar a los humanos.

Al desarrollar una vacuna hay enfoques con patógenos “inactivados” o bien vivos, pero “atenuados”. En función de ello, existen las “vacunas ARN”, como Pfizer o Moderna, o las “vehiculadas en un adenovirus”, como las de AstraZeneca o Janssen, que incorporan una proteína del coronavirus. En todos los casos y en todas las fases hay un veterinario, no sólo en los ensayos clínicos. Lógicamente, es el primer profesional que comprueba las reacciones y los posibles efectos secundarios. En esencia, asesoran sobre el modelo animal más idóneo para la experimentación y sus características.

En general, su función siempre es “muy parecida”. Ahora bien, no se afronta igual según qué patógeno. Así, cuarenta años de investigación no se han traducido en una vacuna contra el Sida. Depende de la suerte, “pero también de la complejidad de los virus”, y por supuesto, de la financiación. Ahí España está lejos de otros países. Cuando aún trabajaba en Inglaterra, el Gobierno británico “puso ciento veinte millones de libras, para empezar”, frente a los ochocientos mil de aquí. Además, en nuestro país los grupos de investigación son “muy pequeños” con contratos “precarios”. Cree que hay que tomar conciencia de que invertir en investigación es “muy rentable”.

No obstante, admite que una gran inversión “no garantiza el éxito”. En el Sars-Cov-2 han confluido una serie de factores como la suerte, el dinero, la menor complejidad del propio virus y la experiencia previa. Se toma esta nueva etapa “como un reto”, pese a disponer de menos recursos. No cuenta con ningún tipo de financiación adicional, sino que se van “autofinanciando” con el dinero que genera el Servicio de Patología que dirige. Hay tres grupos de investigación con los que colabora para una “vacuna marca España”, liderados por Luis Enjuanes, Mariano Esteban y Vicente Larraga, que están desarrollando distintos prototipos. Dentro de cada uno, tienen varios “candidatos” con los que van probando.

Además, otro grupo está desarrollando genéticamente un modelo de ratón “que es el que se está utilizando en todo el mundo para probar la vacuna del coronavirus”. El problema que se encontró este grupo es que había tal demanda que no podían acceder a estos ratones para sus experimentos. Así que lo han desarrollado “desde cero”. Con ellos, no sólo probarían las futuras vacunas, sino fármacos en los que se investiga para combatir la Covid-19 una vez contraída.

Con todo, son parcelas tan restringidas que ni él tiene “información privilegiada”, tan sólo la necesaria para afrontar la tarea que le ha sido encomendada. Así, no sabe si son modelos que actúan sobre el ADN o el ARN. De igual modo, no se puede aventurar a dar fechas para una posible vacuna española. Eso sí, confirma que los experimentos están siendo “prometedores”, aunque es un proceso “lento”.

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