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El concierto ofrecido en la Feria Real, con el reencuentro con el público local y antiguos componentes, supuso el renacer de un proyecto que estaba en punto muerto a raíz de la pandemia

El concierto que ofreció el grupo Trigo Sucio en la pasada Feria Real de Rute no era uno más. Varios eran los alicientes que rodeaban su actuación. Suponía un reencuentro del grupo en casa, con lo que implica de responsabilidad y estímulo. Ismael Arenas, voz principal y guitarra, lo resume así. Cuando tocan en su pueblo natal, quieren devolver a la gente más cercana lo que les han dado desde que empezaron, cuando eran casi unos niños, antes aún del grupo.
- Nunca se plantearon dejarlo definitivamente, pero la coyuntura no fue propicia tras el parón de la pandemia
Se sienten “muy afortunados” de ese apoyo “constante”. Por eso, confirman que el hecho de retomar el proyecto de Trigo Sucio y hacerlo en Rute “no es una casualidad”. Lo hacen “con gusto y ganas”. Con esa idea confirma lo que muchos de sus seguidores anhelaban. Poco después de la publicación de su último disco, “Adioses”, llegó la pandemia que lo paralizó todo. Ello y otros factores hicieron que el grupo quedara en un impasse sin fecha de retorno. Oficialmente, no se había disuelto, pero otros compromisos de sus miembros lo habían dejado en punto muerto.
Juanma Porras, batería y percusión, asegura que nunca se plantearon dejarlo definitivamente, “pero es verdad que la coyuntura no acompañaba”. Así que, cuando se presentó la actuación de la feria, lo contemplaron como una oportunidad de arrancar de nuevo. Vuelven “con ideas frescas”, porque es consciente de que todos han “madurado musicalmente y como personas”. Cree que, con esa base, pueden aportar “algo distinto, pero manteniendo la esencia”. No pierden de vista que fue la música lo que les unió y lo que ha mantenido al grupo.
Por trayectoria profesional, cada uno podría haber tenido un destino distinto. Sin embargo, al final siempre confluían volviendo a Rute, bien con Trigo Sucio o con el proyecto paralelo Arte Samba. Gracias a esa doble vertiente artística, han mantenido la amistad, colaborando en todo lo que a cada uno le surgiera. La “complicidad” de tantos años hace, en palabras del batería, que cuando alguno necesita una mano los primeros en recurrir sean los otros componentes.
Una vez sopesados los pros y los contras de retomar el proyecto, tenían claro que si volvían lo harían siendo ellos mismos. Juanma no pierde de vista que a los seguidores más fieles y a los que se han sumado por el camino les gustaban justo por lo que tocaban y cómo tocaban. Es lo que dominan y no podrían hacerlo “de otra manera”, más si cabe siendo un grupo de creaciones propias. No obstante, pese a que cuentan con dos discos y bastantes canciones inéditas, sobre el escenario añaden alguna versión, pero también en la línea de las bandas que más les han influido.
De todo ello hubo en esa vuelta a las tablas. Aunque fuera en sobremesa, en un ambiente diferente al de la noche, el concierto de la feria deparó varios momentos para el recuerdo. Se presentaron con un formato muy similar al de la actuación en la que habían participado como “despedida” del bar “Desastr3s”, con Miguel Burgueño acompañando a la guitarra y el retorno del antiguo componente Jesús Tejero.
No fue el único regreso. Otros colaboradores también se sumaron a esta esperada cita. Ismael Arenas cree que el formato ideal es con ocho componentes, al incluir la sección de viento, pero no significa que otras alternativas funcionen igualmente sobre las tablas. Con todas las variantes necesarias, y con el objetivo prioritario de “disfrutar y hacer disfrutar a la gente”, lo fundamental es que Trigo Sucio han vuelto.








