Tres nombres y un sentimiento

  • En torno a mayo y la Morenita, Rute vive año tras año desde casi cinco siglos una devoción única por la Virgen de la Cabeza, que culmina en su singular romería urbana

La lluvia obligó a recortar la romería urbana para cantar a la Virgen de la Cabeza en San Francisco

Galería de imágenes de la ofrenda de flores, la romería urbana y la procesión de la noche 

Mayo, Morenita, Rute. Tres nombres para un mismo sentimiento. Tres palabras que se dicen al unísono, que se sobreimpresionan al escribirlas. Tres palabras que resumen la devoción que se vive en los días grandes en torno a la Virgen de la Cabeza. Desde Pitágoras a la tradición cristiana se considera que el 3 es el número perfecto, el de la armonía, la síntesis y la totalidad; principio, medio y fin. Las Fiestas de Mayo sintetizan tal armonía en apenas esas tres palabras, como aquel bolero, porque no hace falta más para lo que no se puede describir con palabras.

  • En torno a estas tres palabras se articula todo un sistema de comunicación propio para que se entiendan quienes comparten una creencia común

En torno a ellas se articula todo un sistema de comunicación propio para que se entiendan quienes comparten una creencia común. A partir de ese simple alfabeto mariano se escribe un diccionario de casi quinientos años, cuyo vocabulario se balbucea desde abril y se domina plenamente en el segundo domingo de mayo. Palabras como ofrenda o bajada adquieren un significado único en Rute cuando llega este mes y se relacionan en un vínculo irrompible con la Morenita.

Como tres vértices de un triángulo, esas tres palabras sostienen una tradición devocional consolidada en un tiempo, el cronológico, que ni siquiera tambalea el otro tiempo, el meteorológico. Habrá quien piense que la lluvia ha sido la protagonista inesperada de este año. Y no es así. Porque en Rute siempre llueve en mayo, al menos en su segundo domingo. El agua podría sumarse a ese triángulo perfecto de mayo, Morenita y Rute para formar un cuadrado mágico.

El campo semántico del agua permea la devoción por la Virgen de la Cabeza. Es el arraigo a las tradiciones el que riega las calles, en especial las del Barrio Alto, y hacen que florezcan colgaduras y adornos para engalanarlas como se merecen unas Fiestas de Interés Turístico Andaluz. E igual que forma riadas el agua, la fe en la Morenita crea riadas que brotan en Andújar y fluyen por ese río de Historia con mayúsculas que es la Molina para desembocar en San Francisco; riadas que crean surcos en las calles sembradas con las flores de la ofrenda del sábado previo por la tarde.

Y además, en Rute siempre llueve en mayo. A veces, sólo a veces, es agua de la lluvia. El resto, eternamente, son petaladas de fervor, sobre todo en la romería urbana de la mañana. A veces, sólo a veces, las tormentas traen truenos. En mayo en Rute se escuchan atronar los cohetes y los vivas a la Morenita, los coros romeros que rezan cantando, que cantan rezando, desde la bajada del altar, cuando la Virgen de la Cabeza se entrega al pueblo. Y, cómo no, se escuchan los himnos atemporales de la Banda Municipal, la música hecha memoria colectiva.

Los meses pasan, se viven y quedan atrás, pero en Rute mayo suena y se sueña. En el conjunto de casi cinco siglos acabará siendo anecdótico que este año no haya sonado y el sueño no se haya hecho realidad en el Fresno y los Cortijuelos, pasado hecho presente por obra y gracia de la Historia y de unos caleros. Así lo contaron los abuelos a los padres, los padres a los hijos y los hijos a los nietos, quienes estuvieron, quienes ya no están, pero vuelven este día a tantos corazones.

Así lo han vivido generaciones y generaciones que esta vez tuvieron que acabar la mañana en la parroquia, cuando la lluvia tuvo la vanidad de situarse por encima de cinco siglos de tradición. El fracaso de su petulancia la obligó a marcharse por la tarde, para que la Virgen de la Cabeza volviera a salir vestida de solemnidad y elegancia. Así es la procesión de la noche, tan regia que cuenta con el acompañamiento oficial de autoridades y representantes públicos.

Y con esa majestuosidad pasea el cortejo, del Barrio Alto al Bajo, con el paso por el Ayuntamiento y el protocolario ramo de flores, antesala del espectáculo piro-musical que la Asociación Cultural “Morenita, Reina de Rute” brinda en el Paseo Francisco Salto. Este año fue espectacular como siempre, emotivo como nunca, con el recuerdo al cuadragésimo aniversario de la Coronación Canónica. Y como siempre, este espectáculo ratificó que la elegancia no está reñida con la celebración festiva.

Son el haz y el envés de una misma hoja donde se escribe la historia de estas fiestas. De la formalidad de la Banda de Cornetas y Tambores Nuestra Señora del Rosario, de Linares, a la maestría de la Banda Municipal, imprescindible para aunar el virtuosismo y el señorío de las marchas con la alegría sonora de los himnos de siempre. Durante el recorrido no dejan de soltar pinceladas, pero desde el final del Cerro y hasta el Llano se repiten como los cohetes y los fuegos artificiales que han de poner el colofón a la noche. Después, con la Virgen ya en su casa y en su barrio, cae la madrugada y se va desperezando un lunes con los ecos de tres palabras que aún resuenan tras un día de emociones a flor de piel; tres palabras que volverán a sonar como una sola dentro de un año: Mayo, Morenita, Rute.

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