Sánchez Zamorano recrea en “Los latidos del alba” un Rute idealizado en acuarelas

  • Una exposición recopila en el CEMAC Pintor Pedro Roldán los cuadros que sirvieron de ilustraciones al poemario infantil de igual título publicado hace un año

A finales de 2024 Francisco de Paula Sánchez Zamorano sorprendió a los aficionados a la cultura con una nueva y doble faceta creativa. El escritor y magistrado ruteño ya había publicado algún poemario entre su vasta producción literaria. Sin embargo, era la primera vez que abordaba una poesía en principio más infantil, o al menos pensada para que los niños se acercaran a este género.

Más allá de ese deseo, “Los latidos del alba”, título del poemario, surgía de las vivencias y emociones del autor en su reciente condición de abuelo. Para enriquecer los poemas, se reinventó en otra vertiente artística, las ilustraciones que acompañaban a los textos. Ahora la mitad de esas ilustraciones se pueden ver sin prisa, recreándose en cada original, gracias a la muestra del mismo título que se puede ver en el CEMAC Pintor Pedro Roldán hasta el 30 de noviembre, en horario de seis a ocho de la tarde.

La inauguración tuvo lugar el pasado viernes 14. Pese a que la tarde se presentó lluviosa, fueron bastantes los amigos y seguidores de la obra de Sánchez Zamorano que se acercaron a acompañarle. El acto estuvo introducido y conducido por la concejala de Cultura, Dolores Ortega. Según dijo, el libro y las acuarelas reflejan las emociones del autor en sus relaciones con sus nietos, pero también “su amor por la naturaleza”. Recordando lo que supuso la presentación del poemario, destacó que puede ser “el primer regalo para un niño que empieza a leer”.

A continuación, Manuel Jesús García Cruz, comisario de la exposición, detalló cómo ha redistribuido las acuarelas por la sala de exposiciones del CEMAC. Antes, hizo referencia a su primer libro leído, “El Principito”. Como la inmortal obra de Antoine de Saint-Exupéry, “Los latidos del alba” surge de “la necesidad de expresarse con palabras e imágenes”. No en vano, asegura, las letras son “nuestros primeros dibujos”. Con esa premisa, ha estructurado la exposición “en estrofas visuales o micropoemas”, para que la gente pueda crear sus propias historias de tres en tres imágenes y que a cada uno le sugieran algo. También en la sala hay ejemplares del libro con las páginas abiertas elegidas a posta, para dar un sentido más global.

García Cruz finalizó su intervención reivindicando, como hace el libro, el derecho a la Educación, porque da “sentido crítico y disfrute, y educa en la sensibilidad”. El autor felicitó al comisario por “el gusto” con que ha compuesto la exposición. También tuvo palabras para Marta Campos, a quien en su día había pedido “unas nociones básicas” sobre pintura. Sánchez Zamorano confirmó que los poemas y las pinturas nacieron de la experiencia de ser abuelo, y le gustaría que pudiera servir para introducir a los niños en la lectura, pero defiende que es un libro “para todo el mundo”.

En cuanto a las acuarelas que sirven de ilustraciones, asegura que los dibujos tienen “su propio simbolismo”, a la vez que constituyen “la referencia que tiene uno de su tierra”. En efecto, hay un Rute idealizado, casi onírico, como la visión de “la blanca villa” desde el Cerro de la Higuera. Abundan los paisajes naturales y urbanos e incluso la pintura dentro de la pintura. Como ocurre con los poemas, el autor ha intentado inculcar y trasmitir mensajes como el amor a la naturaleza o la solidaridad.

El encargado de clausurar el acto fue el teniente de alcalde, Rafael García, vecino de Sánchez Zamorano y sus hijos. García confesó que el libro logra arrancarle “una lágrima” porque le recuerda la niñez y una mesa camilla en el número 43 de la calle Alfonso de Castro, o Del Pilar. En ese entorno creció el actual edil escuchando a Sánchez Zamorano y su padre (don Nicolás) contar historias sobre el amor por la cultura y las artes. Rafael García asegura que en Rute tenemos “a un gran artista, un gran escritor y una gran persona”. Por eso, remató su intervención deseando que ojalá la vida nos regalara “más Franciscos de Paula”.

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