Pasa la vida por el Carnaval de calle

  • Los pasacalles del segundo fin de semana, el temático, dedicado al mar, y el del Domingo de Piñata, han puesto colofón a una de las fiestas más señeras de Rute


La casa de los papelillos está en Rute, los papelillos de confeti y serpentina, los que dan colorido al Carnaval. En los últimos compases de febrero (musicales y cronológicos) se han dejado ver por el pueblo los esbirros del “Profesor”, con sus uniformes rojos y sus caretas de Dalí. No venían a multiplicar billetes en “La casa de papel” que da nombre a la popular serie, sino a ampliar la gama cromática de un municipio con nombre propio en esta fiesta. Si en vez de usar como pseudónimos los nombres de las grandes urbes del planeta, hubieran elegido aquellas donde el Carnaval es seña de identidad, alguno estos peculiares ladrones de ficción debería ser identificado como Rute.

Obviar el trabajo de las murgas y agrupaciones sería un ejercicio de amnesia histórica, de injusticia con el pasado y el presente. Para tomar nota de la Primera División, este año además se ha podido ver en vivo la comparsa de “Los Carapapas”. No es que Rute y Cádiz aún se puedan igualar, pero por un día se han acercado un poco más. Aclarado esto, no cabe duda de que el Carnaval aquí se ha hecho grande en los últimos años en el terreno que más lo identifica: la calle. “Pasa la vida”, decía la canción; y en Rute la vida pasa en sus calles por Carnaval. La palabra “pasacalles” no sólo es un compuesto, sino que adquiere una variedad semántica tan rica como la crónica que se relata a golpe de disfraz de un extremo a otro de la calzada.

Dos de estos pasacalles han protagonizado el segundo fin de semana, dos ríos multicolor que beben de los afluentes que nacen en los días previos en las entrañas de una cultura colectiva intensa como pocas. El temático del sábado estuvo dedicado al mar, por elección popular. El sustantivo no tiene tantos derivados en las palabras de su misma familia como las ideas que brotan en las aguas de la imaginación. La historia del mar, desde los bucaneros al Titanic, desde la fauna de peces al traje de Primera Comunión, ha sido recreada en el Hollywood ruteño a mayor gloria de Neptuno, vestido de dios Momo para la ocasión. Sabíamos que vivimos rodeados de un mar de olivos. Ahora también se confirma que en febrero Rute se sumerge en un océano de Carnaval.

El oleaje del sábado dejó en la arena del Domingo de Piñata las huellas de una banda sonora muy personal. La batucada Arte Samba y las charangas Silosé Novengo y Los Piononos aportan unas notas que ni los cantos de sirena de Sesión Golfa y la Gran Orquesta La Tentación desvían el rumbo de don Carnal, por más que ambas también contribuyan a su animación. Con el Domingo de Piñata cayó el telón invisible de una fiesta popular que, como las de Pamplona, también podría entonar su particular “Pobre de mí”. Basta con buscar la rima adecuada. Pasa la vida, pasan los años y el Carnaval de Rute, más Peter Pan que Dorian Gray, se siente cada vez más joven. Divino tesoro.

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