La Vera Cruz celebra el triunfo de la vida y la primavera en una explosión de luz y color

  • Las Fiestas de Mayo se han proyectado desde el barrio al resto de Rute, con un concurso de cruces muy participativo culminado con la procesión de la Santa Cruz y la Virgen de la Sangre

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Concurso de cruces y  Procesión de la Santa Cruz y la Virgen de la Sangre 2026

Las Fiestas de Mayo de la Vera Cruz han evidenciado un año más dos de sus señas de identidad. Por un lado, son, de partida, fiestas de barrio que se proyectan al resto de Rute. Este año ha quedado de manifiesto de manera especial en uno de los concursos de cruces más participativos que se recuerdan. Por otra parte, reflejan la capacidad de la cofradía del mismo nombre para reinventarse con sólo unas semanas de diferencia. La explosión de luz y color que se ha vivido en su programa de cultos y actos contrasta con el recogimiento de Semana Santa y la estación de Penitencia del Domingo de Ramos.

La cofradía ha mudado el luto de entonces por el cromatismo de la primavera. No es sólo una metamorfosis estética, sino profundamente simbólica. En el calendario litúrgico representa el triunfo de la vida sobre la muerte. Esa renovación, o reafirmación de la fe, se materializa a su vez en la celebración de una primavera florida como pocas tras las lluvias de principio de año. Todo ello ha cristalizado este año en el aumento de la participación en las fiestas.

Tras cultos y actos previos como los Juegos Florales, el triduo o la ofrenda de flores, el programa se concentró en los tres primeros días del mes, en especial la jornada festiva del viernes 1 y el sábado 2. El concurso de cruces ha reflejado esa celebración de la primavera, el colorido de Rute en estas fechas y ese rasgo esencial de estas fiestas, la convivencia vecinal. Hasta veinte inscripciones ha habido en esta edición, contando las cruces adultas, las infantiles y los balcones. Prueba de la proyección que alcanza al resto del pueblo es que dos de las cruces inscritas estaban en la aldea de Zambra.

El grupo joven de la Virgen del Carmen ha ganado el concurso de cruces

En la categoría de adultos, el primer premio ha sido para la cruz del grupo joven de la Virgen del Carmen; el segundo, para otro grupo joven, el de la Virgen de la Cabeza; el tercero, para la cruz de la cofradía del Cristo de la Misericordia; y el cuarto para la de Arapades. En la categoría infantil, había dos premios. El primero lo ha ganado la cruz del AMPA La Ronda, del colegio Ruperto Fernández Tenllado, y el segundo ha sido para el grupo joven de la cofradía de la Vera Cruz. Por último, los tres balcones premiados han sido el de Manuel García Iturriaga, el del Cristo de la Misericordia y el de Anselmo Córdoba.

Más allá de los premios, el ambiente en torno a las cruces confirmó el carácter participativo y de vecindad de estas fiestas. En muchas de ellas había barras para consumir o tomar un aperitivo, y entre el público no faltó la tradición de “hacer la ruta” completa para visitarlas y comparar lo más llamativo de cada una. El ambiente, con música de sevillanas y rumbas en la mayoría de los casos, se prolongó hasta tarde, pese a que el sábado el programa era aún más intenso.

Por la mañana y en la sobremesa el barrio volvió a recrear algunos juegos populares de toda la vida. Entre los méritos de esta cofradía, está su contribución para que algunas de estas tradiciones no hayan caído en el olvido. Con ese ambiente se llegó a las ocho de la tarde, hora de salida de la procesión de la Santa Cruz y la Virgen de la Sangre. Cada uno de los pasos es singular por motivos propios. El de la Cruz fue el primero en Rute portado por costaleras o hermanas de varal.

En cuanto a la Virgen, simboliza en su manto y su saya esa transformación del luto de Semana Santa al colorido granate de mayo. Es sólo parte de esa metamorfosis en la que los cirios y los capirotes dan paso a las mantillas de color. Forman parte de un cortejo en que están presentes el resto de hermandades ruteñas y autoridades, amén de la Banda de Cornetas y Tambores Coronación, de Campillos, y la Banda de Música El Carmen, de Dúrcal. También en este día las antorchas son reemplazadas por bengalas en el tramo final. Ahí se repite el ritual del Domingo de Ramos, con las dos imágenes subiendo en paralelo de vuelta a su ermita y el alumbrado público apagado. Sin embargo, esa repetición no hace más que acentuar ese contraste entre el recogimiento y la celebración de mayo.

Los fuegos artificiales finales rubricarían ese triunfo de la vida que se abre paso en primavera. Terminada la noche, para el domingo aún quedaba la subasta de regalos de la mesa. Esta subasta no es sólo una fuente importante de ingresos para la cofradía. Es otra forma de manifestar el carácter participativo de unas fiestas que un año más ha vivido el pueblo de Rute a partir de uno de sus barrios más entrañables.

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