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En el otro extremo, el dato positivo que ha dejado el último año agrícola es que las precipitaciones alcanzaron la media por primera vez en siete años, aunque sigue habiendo déficit hídrico

Antonio Navajas- Balance del año agrícola 2024-2025
El 31 de agosto terminaba el año agrícola, que había empezado el 1 de septiembre de 2024. Con el nuevo ejercicio en marcha, Antonio Navajas ha repasado lo más llamativo de la meteorología en los últimos doce meses. Él se encarga, igualmente de forma desinteresada, de recabar los datos oficiales de Rute de temperaturas y lluvia para la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Para ello, tiene habilitada y acondicionada una estación en las afueras del casco urbano.
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El ejercicio que ha concluido deja dos titulares. En las temperaturas, la media anual ha sido de 18,36 grados, 1,87 por encima del periodo de referencia, es decir, los últimos treinta años. Como recuerda, puede parecer poco, pero es la media absoluta, de todas las máximas y todas las mínimas. Además, ese incremento no es puntual. En cuanto a las precipitaciones, lo más relevante es que, por primera vez en siete años, se ha superado la media pluviométrica. En los últimos doce meses han caído 623,5 litros, 72,3 más que en la temporada anterior.
Ahondando en las temperaturas, sólo dos días se han alcanzado o sobrepasado los cuarenta grados (la más alta se dio el 17 de agosto, con 41,1). Aun así, la sensación ha sido una vez más de sofoco. Apenas ha habido dos días en julio y otros dos en agosto en que no se ha llegado a los treinta. Se da la paradoja de que el valor más alto de junio (39,8 grados) fue un punto superior a la máxima de julio.
Este calor “sostenido” se ha prolongado a las noches. En la misma medida, muy pocas veces se ha bajado de los veinte, la llamada barrera del sueño, tan sólo siete en julio y nueve en agosto, a partir del día 20. Por si fuera poco, no sólo se han sucedido estas noches “tropicales”, cuando no se baja de ese umbral. Han sido más numerosas las llamadas “noches ecuatoriales” o “tórridas”, cuando el mercurio no desciende por debajo de 25 grados. Ha ocurrido durante cuatro madrugadas en este último verano. A ello se suman otras nueve en que los termómetros han estado siempre por encima de 24.
Como extremo de estos valores, se ha asistido a dos olas de calor. Especialmente recordada será la segunda, la de agosto: comenzó el día 3 y se prolongó hasta el 18. Tan sólo hay dos precedentes similares. Uno fue en julio de 2003, en una ola que afectó a gran parte de Europa. Más reciente es la más larga de la que ha constancia, en julio de 2015, con 26 días por encima del umbral establecido.
Con, el registro del año fue el global de junio, el más cálido de la serie histórica. Es sintomático porque vuelve a evidenciar que el calor cada vez se adelanta más. Incluso en mayo la temperatura media está aumentando “de forma exponencial”, por más que los valores de la primera quincena fueran “bastante frescos”. Similar tendencia se da por el final, hasta el extremo de que hasta octubre se asemeja a un mes de verano. Incluso noviembre, pese a que los valores ya fueran más bajos, superó en casi cuatro grados la media histórica, algo que se ha repetido en los demás meses, con la excepción de marzo.
Justo por eso, en invierno las temperaturas cada vez son “menos bajas”. Es “muy raro” que se produzca una helada en Rute. En los dos últimos años no ha habido y no se han registrado valores bajo cero. La mínima se marcó el 15 de enero, con 0,4 grados positivos. Lejos de ser una tónica en este periodo, la media de las mínimas de los meses de invierno ni siquiera ha estado por debajo de cinco grados. Como consecuencia, en Rute no nieva desde 2018.
Por lo que se refiera a las precipitaciones, el hecho de que se haya superado la media pluviométrica no corrige el déficit hídrico. De hecho, se acumulan doce ejercicios por debajo, con la salvedad del periodo 2017-2018. Cada comienzo de década se recalcula la media histórica. En 2020 se rebajó de 632 litros a los 616 de ahora. De seguir esta dinámica, la próxima actualización en 2030 seguirá haciéndose a la baja.
Como ocurre con las temperaturas, la sequía estival se está adelantando a junio, cuya media pluviométrica ha caído en veinte litros desde los años 80. De igual modo, aunque septiembre aún mantiene una media de treinta litros, está teniendo un comportamiento “errático”. Del resto de meses, el más copioso fue marzo, con 21 días de lluvia, de ellos 14 consecutivos. Ello dejó un superávit “del 250%”, con un total de 234 litros, de los que 40,6 cayeron del 13 al 14, la jornada más lluviosa. El siguiente fue abril, con 93 litros. Muy cerca, y también por encima, el tercero fue octubre, con 92 litros. En el otro extremo, “defraudó” diciembre, que esta vez sólo dejó 1,4 litros, rompiendo la estadística de Rute y la Subbética, donde solía ser el mes más lluvioso.
La suma de escasez de lluvias y altas temperaturas vuelve a dar pie a una mayor evaporación del agua caída. Como ejemplo, Antonio Navajas subraya que en los incendios que han devastado buena parte del país el agua que se lanza desde avionetas y helicópteros “no llega a la tierra”. Como dato más esperanzador, reitera los avances que propicia la inteligencia artificial a la hora de prevenir incendios y en especial de pronosticar el tiempo. Permite procesar infinidad de datos que se manejan en la actualidad con una rapidez, profundidad y precisión que hasta hace poco no eran posibles, y a partir de ahí “establecer patrones de comportamiento”.







