La Tardoantigüedad en nuestro territorio

Venimos denominando como Tardoantigüedad en la Península Ibérica, a la horquilla cronológica que parte desde los últimos momentos del alto Imperio Romano hasta la invasión musulmana; es decir a lo que venimos tradicionalmente denominando “época” visigoda, no obstante, sabemos con seguridad que no solo fueron ellos los protagonistas de esta. Este periodo convulso se encuentra, en estos momentos, en un punto álgido dentro de los debates científicos, ya que, en los últimos años se ha revitalizado la cuestión. Aprovechando esta coyuntura por qué no tratar varios de los episodios históricos, que conocemos con seguridad los historiadores, y resultan prácticamente desconocidos para la mayoría de los habitantes de nuestro término municipal.
Las primeras noticias, que tuvieron calado, sobre la Tardoantigüedad en Rute vienen de manos de una serie de eruditos locales del S. XVIII. Los cuales trataron de asignar, erróneamente como ha demostrado el registro arqueológico y una serie de investigadores a lo largo del S. XX, la fundación de nuestra población, es decir Rute el Viejo, al pueblo visigodo; ofreciendo como razón la supuesta necesidad de defender el paso natural donde nos encontramos, con la construcción del castillo. Gracias a la dedicación de numerosos investigadores hemos conseguido abandonar estas premisas historicistas y parciales.
Aunque no podamos hablar de Rute como tal en este periodo, contamos con un núcleo poblacional que, si vivió esta etapa histórica, hablamos de Zambra, antigua Cisimbrium. No son numerosos los estudios arqueológicos de esta población, no obstante, contamos con abundantes fuentes escritas. En 1550 un grupo de hombres de armas, mandados por el tercer Duque de Sessa, transportaron dos inscripciones, localizadas hasta ese momento en una pequeña iglesia situada en Zambra, hasta la iglesia de San Juan del Cerro de Cabra; de todo esto da fe Ambrosio de Morales en su crónica. La primera de estas inscripciones era la lápida funeraria de una cristiana llamada Eulalia, mientras que la segunda era un pie de altar donde se daba testimonio de la antigüedad y origen de la fundación; esta última inscripción ha sido fechada en el año 660 d.C. su transcripción nos habla de una basílica consagrada a Santa María, algo poco habitual en este periodo temprano, por el obispo egabrense Bacauda y donada por dos cisimbrenses Eulalia y su hijo Paulo el Monje, el nombre original de la población se mantuvo hasta el periodo árabe.
Como hemos visto, si retrocedemos nuestra mirada al pasado histórico contemplamos una situación muy distinta a la que nos podríamos imaginar. Por un lado, localizaríamos lo que actualmente es nuestro término municipal dentro de la jurisdicción de la diócesis de Egabrum. Mientras que por otro lado encontraríamos un asentamiento urbano consolidado e incluso mariano. Aun queda mucho por hablar de esta basílica visigoda localizada en Cisimbrium y sus repercusiones, sin embargo, tendremos que continuar en siguientes entregas.

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