La sardina hermana generaciones en Rute

  • En pleno miércoles de ceniza y en el ecuador del Carnaval, el funeral más irreverente aunó a los dolientes infantiles de los colegios con el sepelio adulto


 Galería Entierro de la Sardina 2026

Si en el plano cronológico el Carnaval llega a su ecuador en el miércoles de ceniza, en el termómetro emocional y festivo alcanza en esta fecha uno de sus picos de algarabía. El Entierro de la Sardina es más que el decano de los pasacalles de Rute en esta celebración, seña de identidad de un pueblo que, como tal, sabe utilizar el arte y la gracia para reírse de las miserias cotidianas. Así viene ocurriendo en este día desde hace más de treinta años, desde que a principios de los 90 un grupo de amigos se juntó para celebrar el funeral más irreverente.

No es que fundaran oficialmente la Cofradía del Santo Clupeido y María Santísima de la Sardina Pilchardus. Pero bastó su entusiasmo a la hora de rendir tributo al pez fiambre y darle su último adiós con el ritual de purificación en torno al fuego para que su apostolado se convirtiera en religión. Fueron años de evangelización en Rute y su expansión por la comarca y parte de la provincia. Después, como en toda religión que se precie, vendrían periodos de travesía por el desierto, de pérdida de fe y de conversión de nuevos adeptos. Para ello, existe desde hace tiempo (también como en toda cofradía que se precie) su grupo joven, es decir, “la Sardinita” de los colegios.

Alternando cada año la salida de una “casa de hermandad”, en esta ocasión le tocaba ejercer de hermano mayor o anfitrión al CEIP Fuente del Moral. De allí partió la comitiva escolar que concluiría en el Fresno. Eso sí, al paso por el Paseo Francisco Salto se encontraron con la hermandad matriz, que ya calentaba motores organizando el cortejo nocturno. El cielo amagaba con abrir en forma de llovizna que aguara el vino o cualquier otro licor, pero finalmente la amenaza no pasó de ser una metáfora de la ceniza del miércoles en forma líquida que no apagaría el fuego del espíritu.

Caída ya la noche, en complicidad con el luto sugerido para la ocasión, el sepelio recorrería las estaciones de Penitencia repartidas en forma de bares por la carrera oficial en dirección al crematorio de la calle Málaga. Por medio, un pregón y una petalada de confeti al ritmo de las marchas procesionales de la charanga “Los Pinonos”, que habían dado el relevo a “Silosé Novengo”. Y acompañando, decenas de dolientes que, parece que definitivamente, han dejado atrás las plañideras de antaño para hacer los coros a las charangas con las saetas de sus cantos y coros.

Entre esos dolientes, este año ha faltado Andrés Reina, “Andrés el del Reylo” o simplemente “Andresillo”. Da igual cómo se le llame porque es de sobra conocido en Rute. Igual de conocida es su devoción por el Carnaval, con cuya presencia constante ha contribuido a engrandecerlo. Por eso, como la lluvia de confeti que roció a la sardina en la calle Priego, se han sucedido las muestras de afecto. Todas se resumen en un deseo común: que recupere la salud y que vuelva a disfrutar del Carnaval y de Rute tanto como Rute y el Carnaval disfrutan con él.

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