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Durante cuatro días se han sucedido en torno a la imagen una serie de cultos y actos que suponen un punto de encuentro en este rincón singular
Además de la llegada del otoño y el reinicio de la vida en sus aspectos más cotidianos, septiembre tiene en Rute otro evento característico marcado en el calendario. El comienzo del mes trae las fiestas en honor a Nuestra Señora del Consuelo en la aldea de La Hoz. El programa pivota en torno al primer sábado, con la procesión de la Virgen, pero los cultos y actos abarcan desde el jueves previo y hasta el domingo.
Más allá de la duración, varios son los ingredientes que hacen únicas estas fiestas. La propia imagen del Consuelo es especial. Son contados los casos en Andalucía en que un cuadro es sacado en procesión. Pero lo verdaderamente singular es el entorno en que transcurren estos días. Para muchos, La Hoz sigue siendo el particular “paraíso perdido” de Rute. En la nebulosa de la memoria se va difuminando el recuerdo de lo que fueron las huertas más fértiles de la comarca.
- Son unas fiestas muy participativas, en las que se involucran todos los habitantes de la aldea
El Pantano de Iznájar sepultó bajo sus aguas un vergel a cuyo alrededor se había desarrollado una forma de vida no exenta de sacrificio, pero gratificante. Las expropiaciones dejaron a muchos lugareños sin medio de subsistencia, pero sobre todo quedaron despojados de su hogar. Tuvieron que reubicarse en otros puntos de Rute, de la provincia, del país. Pero nunca olvidaron la tierra donde habían crecido. Los más afortunados conservaron un terreno en el resquicio de la aldea que bordea el río del mismo nombre, donde no llegó el embalse.
La Hoz actual es una combinación del original territorio agrícola y modernas viviendas de segunda residencia. Lo llamativo es que la aldea, a contracorriente de tantos núcleos rurales, no pierde población. Allí ha arraigado un sentimiento de pertenencia entre quienes no se fueron, quienes volvieron y quienes se han instalado más recientemente. Ejemplos de ese regreso a la tierra prometida es el matrimonio formado por el secretario de la cofradía, Adolfo Villén, y la presidenta, Dolores Roldán. Por su parte, las hermanas mayores, Victoria Garrido y su cuñada Soledad Ruiz, representan a ese grupo que cambió el casco urbano por el encanto de la aldea.
Por todos estos factores las fiestas del Consuelo son muy participativas. El programa ofrece atractivos suficientes para ello, como el hecho de acompañar el rezo del santo rosario del jueves con un cuarteto de cuerda. Antes del acto se procedió a la bendición de una imagen de la Virgen de los Dolores donada a la cofradía, que sin hacer ruido continúa incrementando su patrimonio.
Más aún se implican vecinos y devotos en la cena de hermandad, a la que se acude por iniciativa propia, o en la mesa de regalos y la posterior subasta, con tantas pujas que se divide en dos tandas. El compromiso es tal que se extiende a los artistas invitados. Al quedar deslucida por la lluvia la educación del año pasado, el grupo flamenco de “Paqui la Morena” no dudó en volver en esta ocasión.
Su actuación cerraría la noche del viernes. El sábado se sucederían la barra y las carreras de cintas como preámbulo al momento central. Tras salir de la ermita con la ayuda de un nuevo sistema de raíles, la procesión de la Virgen del Consuelo recorrió la aldea de punta a punta, con el acompañamiento de la Agrupación Musical Santo Ángel Custodio, hermandades locales y representantes públicos. Aparte del cortejo, no faltó gente del casco urbano y demás aldeas. No en vano, La Hoz marca también el reencuentro tras las vacaciones.
Tras el regreso de la imagen a su ermita, lo religioso daría paso a lo festivo, con el Trío Virtual y la primera parte de la subasta. La segunda, con invitación a copa y paella incluida, llegaría el domingo a mediodía. Fue un año más a unas fiestas con sello propio en un rincón único.







