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El pregonero de la Virgen del Carmen repasó lo que supuso el cierre el Año Jubilar que conmemoraba el siglo de su proclamación como Patrona de Rute
Como si de una trinidad se tratara, la víspera del 15 de agosto tuvo como antesala tres actos que se fundieron en una misma forma devocional a la Patrona de Rute. Así lo sentenciaría José Macías, pregonero de este año de las Fiestas Patronales, que resumió estos tres actos en “esencia pura para comprender la devoción hacia la Virgen del Carmen”. De forma consecutiva, en efecto, se sucedieron el más reciente, la llamada “ofrenda de nardos a la Patrona”, el pregón y la coronación de la reina. En el primer caso, el habitual cortejo partió de San Pedro. Como sí es tradicional, lo conformaban representantes de la real archicofradía, pregonero y presentadora, reina y damas del año pasado, autoridades políticas y la Banda Municipal cerrando.
Abriendo iba la charanga “Silosé Novengo” y completando el acompañamiento musical los Hermanos de la Aurora. A mitad del corto trayecto hasta Santa Catalina, en el domicilio de Juan Carlos I donde vive la “carmelitana mayor” de este año, Carolina Garrido, ésta y su corte de damas de honor se unirían al cortejo. A este grupo humano se sumaban particulares, colectivos y hermandades que aportaron esos nardos que dan aroma y más vistosidad si cabe a esta noche.
Una vez en la parroquia, la presidenta de la archicofradía, Ana Burguillos, dio la bienvenida, en especial a José Macías y a la corte de reina y damas, y esbozó una breve semblanza de la presentadora, “la mejor amiga del pregonero”. Ana Lazo corroboraría enseguida esas palabras. Ambos guardan, en efecto, desde la adolescencia una amistad “consolidada en el tiempo”.
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Tras una loa introductoria a la Virgen y las salutaciones previas, la presentadora definió a Macías como alguien “con un profundo sentido de la ética y el deber”. Lazo aseguró que es difícil de resumir “la excelencia” de su persona. Además de ser un carmelitano de pro, lo puso como “ejemplo de constancia y amor por lo que hace”. Así lo demostró en su etapa política, con vocación de servicio público y lo sigue haciendo en su condición profesional de docente.
José Macías entró de lleno evocando la mañana del 12 de octubre de 2024, día en que concluyó el Año Jubilar “cual 15 de agosto”. De hecho, esa clausura con motivo del centenario del patronazgo protagonizó buena parte de su discurso. En torno a esta efeméride compuso un collage estructurado en nueve partes, incluyendo los saludos y los agradecimientos a su presentadora, todas con cierta autonomía y hasta cierto punto independientes entre sí. Como fondo musical, contó con el acompañamiento de Alberto Ramos al piano y Juan Francisco Caballero a la flauta. Juntos recrearon una banda sonora personalizada a partir de la música de películas como “La vida es bella” o “Amélie”, autores clásicos, como Bach, u otros contemporáneos como Herman Beeftink, amén del castizo “Suspiros de España”.
A la par que alternaban los estilos musicales, el pregonero fue del verso a la prosa y viceversa, siempre con naturalidad, sin forzar el discurso. De igual forma, citó textos religiosos como los de la Biblia, o laicos, como los de Kant. A lo largo de esos nueve pasajes, evocó su acercamiento desde la niñez a la Virgen del Carmen, a través de sus abuelas primero y de los Hermanos de la Aurora después. Introducido en ese universo, repasó lo que implica para él el sentimiento carmelitano, en esencia una serie de valores que, como remarcó, encarnan personas como Jesús Manuel Redondo.
No faltó el guiño a la reina y sus damas de honor, y a esas tres formas de mostrar la devoción por la Virgen del Carmen en este 14 de agosto. Fue el preámbulo al pasaje donde más se detuvo, el de título elocuente, “Centenario”. En él, Macías quiso ajustar cuentas, negro sobre blanco, sobre “los renglones torcidos que quisieron deslucir” tal efeméride. Sobre esos renglones, según relató, se escribió “recto” cuando “el Llano se convirtió en la calle Toledo”.
Mención aparte merece el paralelismo que estableció en este mismo pasaje entre la Patrona de Rute y la de Lucena y el campo andaluz. La Virgen del Carmen y la de Araceli, madrina de Coronación, parecen mirarse, frente a frente desde el santuario que preside los “Barrancos” y el que corona la Sierra de Aras lucentina. Por medio, un mar de olivos del que sólo se separan dos veces al año: la Virgen de Araceli en mayo, cuando “baja” al casco urbano; y la del Carmen, el último domingo de julio, cuando se produce su Traslado para los cultos y actos de Santa Catalina.
Faltaba cerrar el círculo, aquel 12 de octubre que fue una forma diferente de vivir el 15 de agosto, con otra fecha añadida, el 16 de julio, la onomástica del Carmen. De los momentos únicos que se dieron en el día de la Fiesta Nacional se pasó a lo que supone el día grande de las Fiestas Patronales, el día de la Asunción, el que comienza con la “Diana” de la Banda Municipal y concluye camino de la calle Toledo al son de “Reina y Señora”, último fondo musical del pregón que se fundiría con los “vivas” a la Patrona y el aplauso del público que llenaba la parroquia.
Tras el pregón y la entrega de placas a Macías y su presentadora, quedaba la coronación de Carolina Garrido como “carmelitana mayor” y la imposición de bandas a sus damas de honor. Después, llegaría la cena de hermandad, el remate de una noche inolvidable que a su vez era el prólogo del día grande de estas fiestas, que estaba a punto de llegar.








