Fallece Manuel Molina Caballero, pionero del atletismo local

  • Comenzó a correr y participar en pruebas de fondo y medio fondo a principios de los 80, cuando era algo inusual, y llevó el nombre de Rute a citas como la Maratón de Nueva York

Manuel Molina durante las jornadas técnicas de atletismo en las que participó en 2016

El mundo del fondo y el medio fondo ruteño está de luto. Este jueves por la tarde se conocía el repentino fallecimiento unas horas antes de Manuel Molina Caballero. Muchos le conocían por Manolo “Matilla”, en esta tradición de los pueblos de llanzarse por el apelativo familiar. Para otros era el hermano mayor de José María Molina, el carismático director de la emblemática Ánfora Nova. Pero ante todo Manolo fue un pionero en el deporte local, en especial del atletismo. En este terreno, fue un adelantado a su tiempo, que empezó a correr y a participar en diferentes pruebas cuando aún nadie lo hacía, mucho antes de la llamada “fiebre del running”.

El panorama a principios de los 80 en Rute, como en buena parte del país, estaba en las antípodas. Las infraestructuras eran escasas y más raro aún resultaba ver a alguien que saliera a la Molina o los alrededores del pueblo con la regularidad de Manolo. Con esa constancia fue llevando el nombre de Rute por carreras populares del panorama provincial, autonómico o nacional, hasta traspasar fronteras y abrir de nuevo camino con su presencia en citas tan de referencia como la Maratón de Nueva York. No sólo fue un adelantado para correr los legendarios 42,195 kilómetros. También fue plusmarquista, con un registro más que notable en un corredor amateur, como es hacer esa distancia en dos horas y cuarenta minutos.

  • Licenciado en Educación Física, hizo de su profesión algo vocacional, contagiando el entusiasmo por practicar cualquier deporte entre decenas de jóvenes

Lejos de ser una afición personal, contagiaba su pasión por el deporte con entusiasmo y a la vez con una sonrisa y una palabra de ánimo. Hay personas cuyo legado deportivo va mucho más allá de su palmarés. La memoria colectiva ruteña debe tener marcados nombres como Joaquín Torres, Juan Félix Montes (ambos también ya fallecidos), Paco López o Manuel Pérez, no por sus logros, sino por la cantidad de personas que, gracias a ellos, se iniciaron en algún deporte. Manuel Molina debe formar parte de esa lista por méritos propios.

Con esas ganas contribuyó a que en Rute el Ayuntamiento organizara en 1983 las I Jornadas de Deporte Popular, que tendrían una segunda entrega, aglutinando diversas actividades. Porque, aunque se le conocía como fondista, en realidad era Manuel Molina era un hombre del Renacimiento trasladado al mundo del deporte. Era un enamorado de cualquier disciplina que supusiera la práctica de ejercicio físico como vehículo para mejorar la salud.

Con esa mentalidad de aficionar a sus paisanos al deporte, impartió en Rute cursos de baloncesto o de natación, entre otras modalidades. Entretanto, terminaba la carrera en el INEF para licenciarse como profesor de Educación Física, las actuales Ciencias del Deporte. No obstante, ya entonces daba muestras de que no sólo se estaba buscando un futuro laboral. Lo suyo era una devoción vocacional.

Después, su trayectoria y su vida personal lo llevarían lejos. Aunque estaba prejubilado, vivía desde hace tiempo en Vera (Almería), donde ha tenido lugar el funeral. Pero nunca se olvidó de su Rute. Por supuesto, volvía esporádicamente. Además, siempre que coincidía con algún deportista de su pueblo en alguna competición se convertía en su principal animador. Hace justo diez años, en junio de 2016, no dudó en colaborar con el Club Atletismo Rute para participar en unas jornadas técnicas. Él y su hijo Pablo impartieron sendas ponencias para mejorar cuestiones como la técnica de carrera. Ambos compartían un proyecto familiar en torno al deporte como fuente de salud.

En aquel encuentro con viejos amigos tuvo ocasión de comprobar con gusto cómo aquella semilla que él había plantado hace cuatro décadas había tenido finalmente sus frutos. El legado de aquel “loco”, como confesaría que le llamaban cuando empezó a correr, había tenido su eco. Nada más saberse la noticia de su fallecimiento, la conmoción fue notable entre los miembros más veteranos del club. Quienes le conocieron son conscientes de su condición de pionero en el atletismo local. También coinciden en otro aspecto. Sólo había algo que superara sus condiciones como deportista, sus cualidades humanas.

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