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Aunque trabajó en el Ayuntamiento como funcionario municipal, es recordado por su pasión por la música, que trasmitió a decenas de personas en Rute

Ha fallecido a los 86 años Francisco Alejandro Moreno Sarmiento. Su nombre podía resultar poco familiar para la mayoría de sus paisanos. Sin embargo, bastaba mencionar el apelativo de “Frasquito” para que todo el mundo le pusiera cara y lo ubicara. Podían relacionarlo con el Ayuntamiento, como empleado municipal, o con su gran pasión, la música. En el primer caso, obtuvo la plaza para desempeñar trabajos de administrativo. En especial se le conoció por tareas como la de “delegado de quintas”. Era él quien se encargaba de tramitar la documentación para quienes eran llamados a filas al servicio militar. Si había que pedir una prórroga, por ejemplo, él se ocupaba de “resolver el papeleo”, con el mismo trato cercano que siempre tuvo con la gente de su pueblo.
- Formó parte de numerosas agrupaciones, contagiando una pasión por la música que le valió una mención especial en los Premios Villa de Rute
De su pasión por la música son testigos centenares de personas que año tras año han asomado durante más de medio siglo a las calles de Rute en las noches de los sábados de julio. Y es que Frasquito era miembro fundamental de los Hermanos de la Aurora, a quienes acompañó durante siete décadas. Las notas de su violín forman parte de esa memoria colectiva sonora que anuncia desde la noche de los tiempos la proximidad de las Fiestas Patronales. Siempre que había un evento relacionado con su Virgen del Carmen en que participaran los Hermanos de la Aurora, allí estaba Frasquito dando la entrada para cada canto.
Su presencia en la aurora del Carmen no era la única colaboración con eventos culturales o religiosos del municipio. También se había hecho habitual verlo en la aldea de La Hoz durante las Fiestas de la Virgen del Consuelo. Entre los actos previos, hay un singular rezo del santo rosario que cuenta con un cuarteto de cuerda que él mismo lideraba.
Además de ser un virtuoso con su instrumento, durante más de treinta años dio clases de solfeo a varias generaciones que de su mano se enseñaron a tocar el laúd o la bandurria. No en vano, había formado una tuna en Rute. Aunque se le asociaba más al violín, dominaba esos otros instrumentos de cuerda y también aprendió a tocar el saxofón. Gracias a esa versatilidad, fue miembro de agrupaciones locales tan diferentes como una rondalla, el Sexteto Corazones o incluso una banda legendaria en el pueblo como Los Caníbales. Esa trayectoria y sobre todo ese amor por la música que con tanto entusiasmo supo contagiar le valieron en el año 2011 una mención especial en los Premios Villa de Rute.







