Enero 2019

Enero ha arrancado con noticias de gran interés para el desarrollo social y cultural de nuestro pueblo; también con otras no tan positivas. Se ha escrito, y mucho, en las páginas de este periódico sobre el Plan General de Ordenación Urbano (PGOU). Se trata de un documento básico, difícil de comprender para el ciudadano de a pie, que condiciona el desarrollo urbano e industrial de un pueblo. Para que nos entendamos, este documento planifica y prevé las posibles zonas de expansión del municipio. Ordena dónde y qué calificación tiene cada terreno del término municipal de Rute. Prevé cuáles son las zonas industriales y cómo deben desarrollarse. En definitiva, sienta las bases para que un pueblo crezca. Sin embargo, en Rute ese plan general tardó más de una década en aprobarse desde que se iniciaron los trámites.
En este sentido, hay que recordar la problemática generada en torno a la zona de Las Pozas. Las tensiones ocasionadas entre quienes eran partidarios de que dicho entorno fuese residencial y los intereses de los industriales y empresas allí instaladas derivaron en un contencioso entre la administración local y los vecinos. Las anteriores Normas Subsidiarias fueron denunciadas, y sus sucesivas aprobaciones provisionales y definitivas retrasaron de forma considerable la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana.
Finalmente, en el primer mandato del actual alcalde, Antonio Ruiz, en el año 2013, se aprobó definitivamente dicho plan general. Ruiz celebró la noticia al entender que, además de una normativa urbanística acorde con los nuevos tiempos, se contaba con un instrumento imprescindible para el crecimiento y la generación de empleo en nuestro pueblo. Sin embargo, tras la aprobación del PGOU aún ha habido que sortear y solventar algunas cuestiones relacionadas con el coste de la estación eléctrica y conseguir que los permisos necesarios, negativos hasta hace un par de años, sean favorables. Durante el presente mandato, los industriales no han dejado de demandar suelo industrial. Empresas punteras en sus respectivos sectores han visto mermado o condicionado su crecimiento por falta de terreno. Por fin, ahora parece que Rute va a contar con ochenta mil metros cuadrados más de suelo. Aun así, la necesidad es tal, que antes de estar desarrollado dicho plan ya está casi colmatado.
También en enero se ha presentado al completo el nuevo espacio escénico de Rute, un centro cultural moderno y polifacético que cubrirá las necesidades culturales del municipio. Ahora, queda pendiente la financiación de la recién constituida Junta de Andalucía. También han comenzado ya a funcionar los nuevos contenedores soterrados. Es otra apuesta medioambiental y que igualmente contribuye a dar una imagen más limpia y estética de Rute. La otra cara de la moneda la ofrecen los vecinos de las urbanizaciones del Cerro de la Higuera, Pontanilla Vaquerizas y el PPR-8, que han puesto de manifiesto el estado de deterioro, la suciedad y el vandalismo de dichas zonas. Es una realidad que debe ser denunciada sin ambages y a la que el Gobierno municipal debe dar respuesta. Probablemente, existan problemas de urbanización heredados en algunas de estas zonas, que resulten más complicados de solucionar, aunque no por ello requieren de una intervención. Pero lo que no es de recibo es que una de las urbanizaciones más recientes, como es el caso de la que se encuentra junto al Hotel María Luisa, se encuentre en un estado de dejadez tan notorio.

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