El año agrícola de Rute ha sido el octavo más lluvioso de la serie histórica

  • Tras un otoño y un invierno muy secos, la marca ha sido posible gracias a las precipitaciones continuas que hubo desde finales de febrero y durante todo marzo

Antonio Navajas toma para Aemet los datos de la estación meteorológica situada en las afueras del pueblo

Audio Antonio Navajas- Año agrícola

El año agrícola ha dejado unas precipitaciones superiores a la media de Rute, que es de 629,45 litros. Del 1 de septiembre de 2017 al 31 de agosto de 2018 han caído 794 litros, un 26% más que en los últimos treinta años, el período de referencia. Pocos lo habrían intuido tras un otoño y un invierno secos, y sobre todo un otoño con temperaturas más altas de lo normal. Es entonces cuando arranca el ejercicio en curso, coincidiendo con el comienzo de las labores del campo. Según Antonio Navajas, encargado de facilitar los datos oficiales de Rute a la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), hay otra corriente que mide el “año hidrológico”, del 1 de octubre (primer mes completo del otoño) al 30 de septiembre. De momento, él se sigue guiando por el intervalo habitual.

Con esa referencia, el último año agrícola ha sido el octavo más lluvioso. Después de dos estaciones de sequía arrastrada desde el verano anterior, la situación se invirtió el 25 de febrero. Ahí arrancó un ciclo de 24 días consecutivos con algo de lluvia. Eso situó al de este año como el marzo más lluvioso, con 306,4 litros. “Adelantaba” así al de 2013, con 247,7 litros, y quedaba como el segundo de la serie histórica, sólo por detrás de diciembre de 2009, con 349 litros. La primavera mantendría esta tónica, ya que abril y mayo superaron sus respectivas medias en un 68 y un 33%. Junto al otoño son, además, las épocas idóneas para recargar los acuíferos.

Como “observador”, Navajas no da con una clave para ese contraste. De hecho, resume que la Meteorología es una ciencia “que explica muy bien lo que ha ocurrido pero no lo que está por venir”. Aun así, matiza que la memoria en cuestiones meteorológicas “es flaca”. Sin ir más lejos, este verano ha ocurrido algo similar con las temperaturas. La media de julio (entre máximas y mínimas) ha sido de 24,99 grados, la octava más baja de un mes que está en 26,34. En cambio, ha sido el segundo agosto más cálido de la serie, con una “anomalía positiva” de 2,2 grados. Por tanto, la sensación de haber tenido un verano fresco es engañosa. Cree que en parte se debe a que “sólo” ha habido una ola de calor a primeros de agosto y las noches no han sido excesivamente cálidas.

No es el único ejemplo. Un otoño muy caluroso dio paso a un diciembre propio del invierno y dos primeras semanas de febrero más frías de lo habitual. Quizá fue la antesala al ciclo de precipitaciones. El día 9 se registró la temperatura más baja del año, 1,5 grados bajo cero. Otro dato llamativo se produjo el día 4, en que la máxima no superó los 5 grados. Pese a ello, no se han dado casos de nieve. Tan sólo hubo uno el 6 de enero, “pero no llegó a cuajar”. Respecto al nuevo año agrícola, es difícil predecir qué ocurrirá, aunque se anuncia un otoño lluvioso. De momento, la primera quincena del mes ha dejado temperaturas llevaderas y unas precipitaciones de 8,9 litros.

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