Eduardo Romero defiende el papel de España para la cohesión social europea

  • Este diplomático ruteño es subdirector de Asuntos Sociales de la Unión Europea y coordina programas de Igualdad, Educación o Deporte entre los Estados miembros

Eduardo Romero Fernández-Miranda es un diplomático de larga trayectoria. En la actualidad es subdirector de Asuntos Sociales de la Unión Europea (UE), dentro de la Secretaría de Estado del Ministerio de Asuntos Exteriores. Antes, había desempeñado cargos de alta responsabilidad a nivel nacional e internacional, en países como Bangladesh, Gambia, Etiopía o Birmania, bien como jefe de embajada, cónsul u observador. Y además de su impresionante currículum, Eduardo Romero es de Rute. De hecho, asegura que, pese al tiempo que lleva fuera, sus raíces ruteñas “son fortísimas”.

Se le vio aquí a primeros de noviembre, en la presentación de la campaña de Navidad. Volvería a finales de diciembre para reencontrarse con amigos como Domingo Vadillo, “uña y carne” para él. En esos días aprovechó para participar en el programa de fin de año de Radio Rute. En la emisora municipal confesó que nunca ha perdido el vínculo con el pueblo gracias a su padre, aunque éste era destinado a otras localidades. Pero tanto de niño como de adulto suele volver por vacaciones, al igual que sus hermanos. Incluso adquirieron otra vivienda y ahora es él quien inculca esas raíces ruteñas a sus hijos y a su mujer, que es de Islas Mauricio. Para él, venir a Rute es “volver a casa”.

De su trayectoria profesional, no fue desde el principio diplomático. Se licenció en Derecho y como abogado ejerció en diversos despachos, si bien ya entonces sentía cierta “vocación internacional”. Parte de su clientela tenía “asuntos jurídicos” en el extranjero, en Europa, el norte de África u Oriente Medio, aunque él se mantenía en Madrid. Fue en esa época cuando decidió recuperar esa antigua vocación.

Y ahí sigue desde hace ya dos décadas. En este tiempo ha trabajado en nuestro país, en distintos departamentos del Ministerio de Asuntos Exteriores. Fuera, su tarea se ha volcado en países en vías de desarrollo, sin perder de vista la acción de la UE, donde nuestro país participa “de forma muy directa”. Está convencido de que España tiene “una labor muy importante” en África y “un reto” en Asia.

En cuanto a su labor actual, coordina “todos los asuntos sociales” de la UE. Se relaciona con ministerios que llevan temas de Igualdad, Juventud o Deportes, entre otros ámbitos, como “punto de conexión” entre Bruselas y Madrid. En este sentido, recuerda que la UE nació con un objetivo económico. No en vano, España ingresó, hace justo ahora cuarenta años, en la Comunidad Económica Europea. Después, se vería la necesidad de que esa gestión conjunta tuviera “un efecto sobre las personas”, que se materializaría en derechos como la libre circulación.

Esa evolución se ha abierto a lo que llama “un mínimo social común”, donde en ningún Estado miembro se puede tener menos derechos que en otro. Defiende que España es un país “muy avanzado” en temas sociales. Por tal motivo, “lidera” gran parte de las discusiones en materias como el salario mínimo o las políticas de género, para que se implementen “de forma homologada”. Su trabajo es coordinar la labor de los diversos ministerios implicados “y su acción a nivel europeo en Bruselas”.

Cree que las funciones de un diplomático pueden ser “muy variopintas, tanto por su actividad como por el lugar donde las ejerce”. Eso sí, en todos estos destinos hay españoles que notan “esa cercanía” de sus compatriotas cuando los requieren. Otro aspecto común que no pierde de vista es que él es “funcionario del Estado”, y como tal, se debe a todos los ciudadanos de su país, no al Gobierno de turno. No en vano, al cabo de tanto tiempo ha trabajado con diferentes Gobiernos y ministros.

Trasladado a su misión actual, señala que sobre la mesa de la UE hay temas vinculados, por ejemplo, al acceso a los medicamentos, sobre todo tras la pandemia. También se trabaja “mucho” en cuestiones de Deporte, de Igualdad o de apoyo a personas con discapacidad. E insiste en que a menudo España está “tirando del carro”. Pero para satisfacer a todas las partes hay que reunir a mucha gente de distintos países y dedicar muchas horas en reuniones a veces “muy complejas”.

También se trabaja mucho en materia de Educación, fomentando para la juventud programas de intercambio como las becas Erasmus. Tiene claro que los jóvenes de hoy han dado un salto cualitativo en formación, pero también en sensibilidad social, y ello ha sido posible gracias a la apertura al exterior, de la que se benefician incluso las nuevas generaciones de pueblos pequeños como Rute. Le han perdido el miedo al idioma y ha habido un proceso de “internacionalización”.

Es consciente de que el mercado laboral debe mejorar, “sobre todo en lo tecnológico y lo científico” para evitar exportar mano de obra cualificada. Pero en el otro extremo es el primer “importador” de estudiantes Erasmus, que luego podrían venir a trabajar. A ello se suma que el mercado europeo del trabajo “cada vez está más unificado”.

Por todo ello, considera importante “mirar atrás, para ver de dónde venimos y lo que se ha hecho”. Hasta 1981 España, como los africanos, entre otros, recibía fondos de desarrollo de cooperación. Es decir, dependíamos de las ayudas del extranjero. En cambio, hoy es uno de los países “líderes en casi todo”. Intuye que los jóvenes lo saben, pero entiende que es importante trasmitírselo y que lo tengan presente.

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