En tiempos en los que el turismo rural se ha convertido en parte del desarrollo y la economía de los pueblos, Rute es uno de los municipios de la Subbética con gran potencial. Su entorno paisajístico, el paraje del río La Hoz o su sierra, con la torre vigía del Canuto, que vemos cada noche iluminada, suponen un aliciente para los amantes de la cultura, el patrimonio y la naturaleza. Sin duda, la actuación del Canuto, que permitió restaurar una atalaya amurallada considerada Bien de Interés Cultural (BIC), fue todo un acierto. No obstante, el recorrido en este sentido es muy amplio. Aún quedan otros dos BIC como son Rute Viejo o el Castillo de Zambra, que requieren actuaciones similares de reconstrucción o de su puesta en valor. Son enclaves de atractivo histórico, arqueológico y natural que todavía no pueden ser visitados para apreciar su enorme valor.
En noviembre se va a cumplir un año de la presentación por parte del Ayuntamiento de un estudio y de la recreación virtual de Rute Viejo. Se trata de un conjunto de casas habitadas por decenas de familias que estaban distribuidas en torno a dos torres y rodeado de una murada de 240 metros. En este sentido, hay que destacar la defensa del patrimonio arqueológico ruteño que siempre ha defendido en estas páginas el historiador y arqueólogo local Luis Jiménez. De igual modo, recientemente, la prensa provincial vuelve a interesarse por dicha recreación y se hace eco, en alusión a Rute Viejo, de los restos de un importante recinto fortificado que han resistido durante siglos a los vaivenes de la historia. Además, fue el germen de nuestra localidad. Dicha recreación virtual despierta el interés de la ciudadanía ruteña. Sin embargo, dista mucho de formar parte de una maqueta o de una reconstrucción real de la zona. Las expropiaciones que sería necesario llevar a cabo en dicho lugar y la puesta en valor en sí de Rute Viejo requieren tiempo y una inversión sustancial. Por eso mismo, el Ayuntamiento debería avanzar y no dejar el proyecto estancado. Para lograr el objetivo es fundamental seguir dando pasos y que no todo se quede en una recreación virtual.
Hace tres décadas, pocos imaginaban el auge turístico que se iba a generar en Rute en torno a los museos temáticos de la localidad y la industria agroalimentaria. El germen en su momento giró en torno a uno de nuestros productos más emblemáticos y genuinos, el anís. Por su historia y calidad, el anís forma parte inseparable de nuestra identidad. Gracias a ello, ha llevado el nombre de nuestro pueblo a todos los rincones de España. Desde mayo de 1995, el Monumento al Anís de Rute, que ha cumplido su trigésimo aniversario, recibe al visitante que llega por una de las entradas principales del pueblo. Un año antes se creaba el primer museo temático de la localidad, el Museo del Anís de Destilerías Duende, que regenta Anselmo Córdoba. Como enamorado del sector turístico, Anselmo supo hacer de la necesidad virtud y convertir una industria que había decaído en un reclamo turístico capaz a de atraer a cientos de visitantes.
Posteriormente, llegarían el Belén de Chocolate, convertido en el atractivo principal de las visitas navideñas en la actualidad; el Museo del Azúcar, con sus peculiares creaciones de azúcar; u otros museos como el de Jamón o la Chacinas, que dejan testigo de la elaboración artesanal y tradicional de los productos cárnicos. Todos juntos han ido conformando una oferta turística que ha convertido a Rute en el pueblo de la Navidad. Más recientemente, desde 2024, Machaquito ofrece una colección museográfica que da cuenta del devenir de una de las destilerías centenarias del municipio. Sus instalaciones ofrecen al visitante la peculiaridad de poder conocer “in situ” el proceso de la destilación.
De esta forma, Machaquito y Duende se suman a otras destilerías que han logrado pasar de generación en generación, como es el caso de Altamirano o Raza. Junto a los dulces de navidad y unos aceites multipremiados, como los de los Almazaras de la Subbética o Cortijo La Toquera, en Rute se ha conformado una industria gastronómica de productos de gran calidad. El sector agroalimentario ruteño se caracteriza por su creatividad y su capacidad de hacer valer las tradiciones y la identidad de un pueblo. Buena prueba de todo ello son las páginas centrales de este periódico, que muestran cómo Rute se prepara de nuevo para vivir el trimestre más intenso del año. Por delante, de cara a un futuro más próximo, y con objeto de mantener con orgullo ese galardón de Municipio Turístico de Andalucía, está el gran reto de velar por ese patrimonio cultural, arqueológico y paisajístico.
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