Editorial junio 2025

La primera ola de calor que ha azotado al país también ha afectado a nuestro pueblo y ha pillado al equipo de Gobierno municipal con los deberes hechos. La piscina municipal está abierta al baño desde mediados de junio y la oferta para los cursos de natación ha comenzado en el último día del mes que ha acabado. Por tanto, en los días más calurosos los ciudadanos están contando con un desahogo importante. No obstante, las obras de mejora que comprende los aparcamientos y que dan acceso al recinto deportivo donde se encuentra la piscina no han podido concluirse como hubiera sido deseable. Se trata de unas obras Pfea que comenzaron en febrero y que cuentan con un plazo de ejecución que se puede prolongar hasta el mes de noviembre. Sin embargo, los responsables municipales aseguran que están agilizando estas obras para que concluyan en la primera quincena del mes que acabamos de estrenar, julio. Por tanto, confiemos en que así sea.
Asimismo, nos encontramos justo en la mitad del actual mandato. En junio hemos llegado al ecuador del primer mandato del equipo de Gobierno del PP al frente del Ayuntamiento de Rute. La visita de la consejera de Industria de la Junta de Andalucía, Carolina España, pone de manifiesto la apuesta del gobierno autonómico por el tejido empresarial. Sin embargo, la ampliación del polígono de “Las Salinas” pese a los avances anunciados continúa siendo el talón de Aquiles de los sucesivos gobiernos locales.
Por lo demás, junio ha sido el mes de los balances y de fin del curso académico: ya sea pasando de etapa educativa, realizando las Pruebas de Acceso a la Universidad, poniendo fin a las distintas competiciones deportivas o mostrando, igualmente, las destrezas adquiridas en las distintas academias de baile, flamenco o danza.
Cada uno habrá recibido en función de lo sembrado, aunque no siempre es así. En ocasiones, pese al esfuerzo los resultados no son como se esperaban. Por lo general, quienes trabajaron durante el curso escolar verán, en mayor medida, cubiertas sus expectativas. Con frecuencia en las ciudades o zonas urbanas las familias se plantean el hecho de que sus hijos estudien en centros u universidades privadas, por diferentes motivos en los que nos vamos a detenernos. En el caso de los pueblos, en Rute, en nuestro municipio, durante décadas, una generación tras otra, las familias han sabido apreciar la educación pública, hemos valorado positivamente que nuestros hijos e hijas estudien en cualquiera de los centros educativos que existen en la localidad, o acudan al IES “Nueva Scala” de Rute. En la actualidad, queremos pensar que esto continúa siendo así. Más allá del descontento generalizado del profesorado por los trámites administrativos a los que se ven sometidos, o las exigencias de los padres que pueden estar más o menos en desacuerdo con la formación o calificaciones que reciben sus hijos, la educación pública en Rute sigue gozando de buena salud. En buena parte gracias a la implicación y la calidad de los docentes.
En lo que respecta a las familias, en las últimas tres décadas hemos pasado de unos padres que jamás asistían a una tutoría a quienes asisten para reclamar una mejor nota para su hijo o hija. Por lo tanto, son los propios padres los que reclaman mayor protagonismo para sus hijos, con el consiguiente riesgo de pérdida de autonómica para esa prole. Es obvio que una relación mesurada entre padres y docentes redunda favorablemente en el rendimiento del alumnado. La observación de un cambio de conducta en un momento determinado, una intervención puntual, un consejo a tiempo pueden ser determinantes para guiar o reorientar a esos hijos o alumnos. Sin embargo, el reproche mutuo de padres a profesores o viceversa en nada benefician a esos niños y niñas en proceso de madurez. Las calificaciones deben ser una consecuencia, pero no un fin en sí mismo. Por desgracia, la lucha por obtener la mejor nota, o arañar hasta la última décima, para hacer la carrera deseada termina viciando el proceso. Sin duda una mejor planificación de la oferta universitaria e incluso una orientación y oferta académica más en consonancia con el mundo laboral sería más que deseable. Con demasiada frecuencia los futuros egresados desconocen en qué va a consistir el trabajo que realicen cuando acaben la carrera o grado elegido. Pese a todo Rute cuenta con estudiantes destacados que darán de que hablar en el futuro. También en este mes se ha hecho efectiva la decisión plenaria adoptada en su día de poner el nombre de un ruteño ilustre a una de nuestras plazas. Nos estamos refiriendo al escritor, editor y académico, José María Molina Caballero. Curiosamente, este ruteño destacado también ha ejercido de maestro escuela, siendo el responsable de formar a niños y niñas de los núcleos rurales. Una persona reconocida en el pueblo que lo vio nacer y que ha sabido situar a Rute en el epicentro del mundo de las letras y la literatura. También otro ruteño, Samuel Granados, ha recibido con el Washington Post el Premio Pulitzer 2025 de periodismo, como parte del equipo galardonado por la cobertura informativa del atentado contra Donald Trump, antes de ser presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, peor suerte ha corrido otro ruteño, Juan José Romero ha fallecido sin ver su obra artística y pictórica lo suficientemente reconocida. Los tres ruteños mencionados, José María Molina, Samuel Granados y Juan José Romero, ponen de manifiesto la creatividad y talento de nuestro pueblo.
En Rute, después de disfrutar de los espectaculares festivales de baile, sevillanas o danza, toca disfruta de un verano que no está exento de grandes citas culturales, como la celebración de la XXXI “Noches Flamencas de Zambra”, que tienen lugar a las orillas del río Anzur, el próximo 5 de julio; o las cada vez más cercanas, Fiestas Patronales, en honor a la Virgen del Carmen.

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