Editorial Febrero 2026

El mes de febrero se despide de Rute dejando tras de sí un rastro de intensidad emocional que reafirma el carácter de nuestro pueblo. Ha sido un ciclo de 28 días donde la capacidad de superación, el orgullo por nuestras raíces y el reconocimiento a la excelencia intelectual se han entrelazado para definir lo que somos: un pueblo que sabe celebrar, pero que también sabe resistir y honrar a los suyos.
Las borrascas que se fueron sucediendo durante el mes, también hicieron mella en nuestro pueblo, con daños en caminos, carreteras, edificios e infraestructuras municipales significativos. Un temporal, con precipitaciones continuadas, que terminó afectando al manantial del rio de la Hoz, ocasionando turbidez y falta de calidad en sus aguas. Una crisis hidrológica que ha provocado que, en nuestro pueblo, también en la vecina localidad de Iznájar, durante algo más de dos semanas el agua no haya sido apta para consumo humano. Ha sido un hecho casi insólito pues no se recuerda otro parecido en nuestra historia reciente. Por suerte, acabó resolviéndose antes de finalizar el mes más corto del año. Afortunadamente, a las poblaciones afectadas no les ha faltado el abastecimiento de agua gracias a los camiones cisterna que han estado operativos durante este tiempo.
Esta superación técnica ha coincidido con el estallido de color de nuestras fiestas más emblemáticas. Rute ha vuelto a demostrar su ingenio y espíritu lúdico a través del Carnaval, con esa tríada de pasacalles que vertebran nuestra identidad. El más antiguo y fúnebre, como es del “Entierro de la Sardina”, con su doble cita para escolares y adultos, nos tuvo entretenidos todo el Miércoles de Ceniza. El segundo sábado del Carnaval ha vuelto a estar protagonizado por un pasacalle temático multitudinario. Este año en torno a las Fuerzas Armadas, con un rio humano que inundó las calles del municipio. Finalmente, el broche de oro llegó con el pasacalles familiar y más colorido, el Domingo de Piñata. Entremedias y para el recuerdo quedan infinidad de instantáneas, las actuaciones de chirigotas y de agrupaciones callejeras, la puesta de largo de “Hasta aquí hemos llegao” y los originales disfraces exhibidos en los concursos infantiles y de adultos.
No obstante, el orgullo ruteño no solo se viste de máscara. El acto institucional del 28 de febrero en el CEMAC “Pintor Pedro Roldán” sirvió para recordarnos que somos una tierra de gente trabajadora, solidaria, dispuesta a luchar y a reivindicar lo que nos corresponde. Con una Andalucía y un pueblo que es ejemplo de conquistas generacionales y del testigo que están dispuestos a recoger los más jóvenes.
Por eso, un año más, los Premios Villa de Rute han puesto nombres y apellidos a nuestra excelencia: desde la solera de la Destilería Machaquito hasta la voz histórica de un periodista de raza que ha creado medios desde los cimientos, como es Rafael Pérez Unquiles, pasando por la sensibilidad y pasión por música de Miguel Herrero Martos y el vigor y magnitud deportiva de la Carrera por Montaña que ha puesto en valor nuestra Sierra de Rute.
La celebración del Día de Andalucía en Rute es una de las jornadas más generosas, bonitas y preciadas del pueblo. Además, la de este año brilló con la actuación de Francisco Luis Molina “El Tramao”, a la guitarra y puso de relieve que el relevo de la banda municipal también está asegurado con incorporaciones con el joven Carlos Aguilera.
Finalmente, Rute ha vuelto a proyectarse al mundo a través de la música y las letras.
La presentación del monográfico de la revista Ánfora Nova, dedicado a Federico Mayor Zaragoza, no sólo es un tributo a un “arquitecto del diálogo”, sino una prueba del peso específico de nuestra cultura local en el panorama internacional. Con la participación de figuras como Carmen Calvo y el respaldo de instituciones nacionales, Rute se reafirma como un espacio donde el compromiso ético y la paz encuentran su mejor altavoz.
Por su parte, nuestro paisano Antonio González continúa sumando en una prolífica carrera musical, con el estreno de su nueva marcha dedicada a la Virgen de la Cabeza de Rute, consolidándose como uno de los autores contemporáneos con mayor proyección en el género de las marchas procesionales.
Sin embargo, Rute no es ajena a la realidad nacional, con esa huelga de médicas y médicos, y que afecta a la calidad de nuestra sanidad pública; y con un orden mundial que no deja de inquietarnos. Desde estas líneas invitamos a leer la columna del médico de familia, Sebastián García, sobre un colectivo muchas veces silencioso y poco dado a manifestarse y que debe ser escuchado. También parafraseando a Justa Gómez, en su entrega de este mes y que dice así: “Cuando se ve que la corrupción está extendida en diversos ámbitos, muchas veces como una carcoma irremediable; cuando la hipocresía campa a sus anchas… ¿qué nos queda?” Nos queda, como bien dice, combatir esas injusticias del mundo con nuestra propia vida y con un proceder activo y honesto. Nos queda, añade Justa Gómez, “rodearnos de personas auténticas, sin dos caras ni doblez, preocupadas más de ser que de aparentar”. Y nos queda, podemos añadir, en estos tiempos de carnavales, desenmascarar a los verdaderos verdugos, muchas veces disfrazados de víctimas.
Igual de oportuno es el artículo del profesor Francisco David Ruiz que nos invita a reflexionar sobre qué es la libertad de expresión, y a distinguir entre qué es información, opinión o bulo, conceptos que, por desgracia, se mezclan para hacer un mundo, aún, más difícil de comprender e interpretar.
Pese a todo, en Rute, febrero termina, con la satisfacción del deber cumplido y la alegría de la identidad compartida. Somos el agua que vuelve a brotar limpia, el ingenio del disfraz en la calle y la palabra y la música que construye legados.
¡Viva Rute y Viva Andalucía!

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