El inicio del 2026 en Rute arranca con la aprobación de los presupuestos municipales que van a marcar la hoja de ruta política, pero la realidad social late con fuerza propia con las reivindicaciones de la Plataforma de Afectados por la Estación de Aguas Residuales (EDAR). En lo que se refiere al presente ejercicio económico, las cuentas que ascienden a 9 millones de euros dibujan un escenario de cierto optimismo institucional. Con un incremento de las inversiones sin aumentar la carga fiscal y un refuerzo del apoyo a los colectivos sociales, el Ayuntamiento busca consolidar un modelo de crecimiento que, además, se ve respaldado por la demografía: tras un lustro de caídas, el municipio vuelve a ganar habitantes. Sin embargo, no se trata de cifras significativas y, por tanto, son datos que deben ser tomados con cautela.
Sin embargo, las inquietudes de los vecinos y vecinas son otras. El último pleno fue testigo de la preocupación social que genera la actual ubicación de la EDAR. La nueva depuradora comenzó a construirse hace casi un año y es un proyecto que se remonta al año 2014. Los vecinos e industriales aseguran que la distancia no es la adecuada y que la depuradora va a generar malos olores y perjuicios a las viviendas y empresas que se encuentran a trescientos o seiscientos metros del lugar establecido. El alcalde comprende el malestar de los vecinos, aunque no entiende porque no se han manifestado antes. Por su parte, el delegado provincial y los técnicos coordinadores del proyecto se han trasladado hasta Rute para ofrecer explicaciones y ofrecer tranquilidad, asegurando que el proyecto cumple con todos los requisitos técnicos y permisos pertinentes. El plazo de exposición pública, de presentación de alegaciones e incluso de las expropiaciones que hubo que llevar a cabo, expiró. Por ahora, el proyecto, que está en fase avanzada, va a continuar desarrollándose y el cambio de ubicación no se contempla. No obstante, los vecinos están dispuestos a seguir dando la batalla y desconfían de la respuesta recibida. Habrá que esperar a ver qué pasa. Sin duda, es un asunto complicado. La necesidad de una depuradora nadie la cuestiona. No obstante, si los miembros de la plataforma y los expertos que les asesoran llevan razón el gran perjudicado sería el pueblo de Rute.
En el ámbito de la vivienda, Rute respira con cierto alivio. Mientras las capitales y zonas costeras sufren precios de exclusión, nuestro pueblo se mantiene como una plaza estable y accesible. Esta competitividad inmobiliaria es, sin duda, un factor determinante para ese repunte poblacional que celebramos, convirtiendo a Rute en un refugio de habitabilidad en tiempos inciertos.
Tras meses de mirar con angustia los niveles del Pantano de Iznájar, la reciente lluvia en Rute ha traído un respiro necesario. No es la solución definitiva a la sequía, pero cada gota cuenta para dar vida a nuestro olivar y serenidad a nuestros campos. Por contra, el temporal de lluvias y viento ha dejado destrozos llamativos en caminos, carreteras o plazas de nuestro término municipal. Confiemos en que las abundantes precipitaciones que se esperan en la primera semana de febrero y el temporal no compliquen la situación.
Pero la identidad de un pueblo no sólo la hacen sus ladrillos o sus partidas presupuestarias; la hacen sus personas. La reciente pérdida de dos ruteños de excepción, Rafael Garrido (51 años) y Sebastián Cobos (78 años), ha dejado un vacío profundo en el tejido sentimental de la localidad. Su legado de compromiso y entrega es el espejo donde debe mirarse la comunidad.
Como contrapunto a la tristeza, la mirada se fija ya en el 28 de febrero. La aprobación de los Premios Villa de Rute 2026 nos recuerda que el talento y el esfuerzo local merecen ser reconocidos. En el Día de Andalucía, Rute volverá a sacar pecho por sus empresas, colectivos y ciudadanos destacados, en un ejercicio de reafirmación que equilibra las cuentas pendientes con la esperanza de un futuro compartido.
Rute encara 2026 con desafíos importantes, pero con la fortaleza de una comunidad que sabe alzar la voz para exigir lo que considera justo y bajar la cabeza, con respeto, para honrar a quienes la hicieron grande.
Y como el ciclo de la vida no se detiene, la llegada del Carnaval de Rute, con sus coplillas, sus disfraces y su ingenio, nos invita a la catarsis colectiva. Es el momento de la sátira, del ingenio y de demostrar que, a pesar de los problemas y las ausencias, Rute es un pueblo vivo, resiliente y orgulloso de sus raíces.
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