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La temperatura media volvió a superar en dos grados el valor de referencia, mientras que las precipitaciones alcanzaron 927,1 litros, un 50% más de lo habitual

Antonio Navajas hace balance del año agrícola 2025-2026
El año agrícola 2025-2026, que concluyó el pasado 31 de agosto, ha dejado en Rute un balance marcado por el calor prolongado y unas lluvias muy abundantes, muy por encima de la media histórica. Son las principales conclusiones que extrae de los últimos doce meses Antonio Navajas, encargado de recoger a diario los datos oficiales de Rute y remitirlos a la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Así, la temperatura media anual se ha situado en 18,52 grados. Son 2,03 más que los 16,49 del periodo de referencia 1991-2020. Por fortuna, las precipitaciones sumaron 927,1 litros, cerca de un 50% por encima de la media histórica.
Navajas confirma que no se ha batido ningún registro de temperatura máxima. El valor más alto fue de 41,2 grados y se registró el 23 de junio. Quedó 2,3 grados por debajo del récord local, los 43,5 de 2021. Sin embargo, lo más significativo ha sido la continuidad del calor, que no ha dado tregua durante el verano. Desde el 20 de mayo, cuando se alcanzaron 32,5 grados, las máximas sólo bajaron de 30 en tres días de junio, uno de julio y cuatro de agosto. Las máximas medias fueron de 34 grados en junio, 36 en julio y 34,4 en agosto. La última semana de agosto sí dejó un alivio más prolongado. Entre los días 21 y 28, los valores diurnos rondaron los 30 grados y las mínimas se situaron entre 16 y 18. Se da la circunstancia de que en parajes como La Hoz o El Vado llegaron a rondar los 8.
- Enero y febrero reunieron más de la mitad de la lluvia anual y permitieron recuperar el nivel del Pantano y los acuíferos
Las noches también reflejan esa persistencia del calor. En junio hubo catorce noches tropicales, con mínimas superiores a 20 grados; en julio fueron 23 y en agosto, 19. Además, se registraron cuatro noches ecuatoriales, es decir, cuando la mínima no baja de 25 grados. Fueron las del 23 de julio, con 25,5, las del 1 y el 13 de agosto, ambas con 25,4, y la del 15 de agosto, con 25,6. Asimismo, durante otras veintiséis noches no se bajó de 22,5 grados. Según Navajas, acercarse a 23 o 24 ya genera una sensación “insoportable”, aunque no se alcance el umbral ecuatorial.
El balance anual confirma que el fenómeno no se limita al verano. Sólo marzo quedó por debajo de su media, y apenas en medio grado. El resto de los meses la superó. En ese contexto, ha sobresalido junio, con una anomalía térmica positiva de cuatro grados. La de abril fue de 3,5 y la de octubre de 2025 de 3. En junio pasado, además, la mínima más baja de todo el mes fue de 16,3 grados, el valor menos frío registrado para una noche de ese mes. En el otro extremo, el ejercicio ha dejado sólo una helada. Fue el 7 de enero, con 1,8 grados bajo cero.
Navajas considera que la media anual es el indicador más revelador. A su juicio, que el conjunto de máximas y mínimas quede dos grados por encima de los últimos treinta años constituye una evidencia del calentamiento global, más allá de un pico aislado. El verano dejó cuatro olas de calor declaradas oficialmente. No obstante, sus intervalos cortos refuerzan la impresión de una ola “interminable”.
La otra cara de este balance ha sido la lluvia. Tras los 623,5 litros del ejercicio anterior, que ya superaba la media histórica, el último año agrícola ha dejado en Rute 927,1 litros. Cayeron en 77 días de precipitación. Por meses, los más copiosos fueron enero, con 242,6 litros, y febrero, con 281,1. Ambos se situaron muy por encima de sus respectivas medias, de 76,56 y 64,44 litros. De hecho, entre los dos reunieron más de la mitad del total anual. También destacaron diciembre, con 115,6 litros; noviembre, con 102,9; y abril, con 85,7. Por el contrario, septiembre, octubre, marzo, mayo y junio fueron secos o muy secos.
Febrero fue, pues, el mes más lluvioso. El observatorio midió 59,8 litros el día 4 y 57,3 el día 3. Como la lectura se efectúa a media mañana sobre las veinticuatro horas anteriores, Navajas calcula que el episodio dejó alrededor de 117 litros en un día natural. A primeros de año, enero tuvo dieciséis jornadas de lluvia y febrero catorce, de las cuales trece fueron consecutivas.
Este tren de borrascas permitió que el Pantano de Iznájar volviera a llenarse por primera vez al cabo de trece años y que se recuperaran los acuíferos. Gracias a ello, Navajas entiende que al comienzo del verano no había déficit para el consumo humano y agrícola. Distinto es el estrés hídrico que sufren la vegetación y las reservas por la fuerte evaporación estival.
Pese al buen balance de precipitaciones, persiste otra señal preocupante. Desde 2021, mayo no alcanza su media de 46 litros y junio presenta un comportamiento aún más seco. Los datos apuntan a que la sequía estival se prolonga. Antonio Navajas también advierte de que la lluvia mantiene pautas “impredecibles”. Por tanto, un año muy húmedo no garantiza que el reparto sea regular ni que esa tendencia vaya a mantenerse.






