- Sol, temperaturas agradables, altas a veces, algo de viento, y sobre todo ausencia de lluvias, han posibilitado que todas las cofradías de Pasión completaran sus estaciones de Penitencia

Galería 02 Semana Santa – 2026
Pocas ediciones de la Semana Santa serán tan recordadas como la de 2026. Al menos, para cofrades, devotos y aficionados a ver las procesiones en la calle, ese recuerdo va a ser inmejorable por el comportamiento de la meteorología. Tras dos años condicionada por la lluvia, costaba creer que se invirtieran las tornas por completo. Desde el Domingo de Ramos al de Resurrección se ha disfrutado de un tiempo primaveral, si acaso algún día con frío y viento, pero siempre soleado. De hecho, las temperaturas han ido subiendo y desde el Viernes Santo se vivieron días incluso más bien calurosos.
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Quizás ese carácter cambiante de la primavera se acentuó más del miércoles al viernes, con procesiones a pleno día y de noche. Cuando a las siete de la tarde del Miércoles Santo la imagen de Jesús de la Rosa asomó por la puerta de la Misericordia de San Francisco, en su cara se reflejaron los tonos anaranjados del sol de estas fechas. Su estación de Penitencia volvió a deparar algunos de los momentos más memorables de nuestra Semana Mayor: el paso por las calles Nueva y Priego, con el vecindario del Barrio Alto esperando en sus puertas, la bajada por Juan Carlos I en paralelo con el paso de Nuestra Señora del Mayor Dolor, la subida con los varales de ambos tronos tocándose en el Cerro o la bendición final ante la puerta principal de San Francisco.
Algo parecido ocurriría al día siguiente con el Abuelito y la Soledad de Nuestra Señora. El recorrido por San Pedro siempre tiene algo especial. Recurriendo al tópico, por las calles Lucena, Herrero o Cabra literalmente no cabía un alfiler. La gente sabe que las imágenes están allí “en su casa”. Pero no es la única estampa del Jueves Santo en Rute. Cada cual elige entre la subida por la ronda de Priego con la soleada sierra al fondo, el ascenso corriendo por el Cerro o la llegada de las imágenes a su ermita. Y salpicando el itinerario, las saetas de Julián Estrada, el quejío flamenco hecho oración y seña de identidad de este día en Rute.
El Cerro sigue teniendo esa aura en nuestra Semana Mayor. Si depara instantes emotivos con Jesús de la Rosa o el Abuelito, cuando sube el Nazareno y la Banda Municipal empieza a tocar “La Madrugá”, se sabe que no se puede faltar. Las notas de Abel Moreno se funden con la admiración por el esfuerzo de los costaleros levantando a pulso la imagen más emblemática de la Semana Santa ruteña. Por largo que sea el recorrido, desde Santa Catalina al cementerio, siempre hay gente apostada en las calles para ver este paso y el de Nuestra Señora de los Dolores. Pero nada es comparable al Cerro o la subida en paralelo de las imágenes por la calle Granada.
Más recogimiento habría en el Vía Crucis vespertino del Cristo de la Vera Cruz (o del Serrato) y el Santo Entierro. Como de costumbre, el cortejo contó con la presencia oficial de la Corporación municipal y el resto de hermandades y cofradías de Pasión y Gloria. También es ya habitual que el trono de la Virgen de los Dolores, de menores dimensiones que el de la mañana, sea portado por un grupo de mujeres.
Y aunque no se pierde ese mismo recogimiento, se ha consolidado el cambio de la procesión de Nuestra Señora de la Soledad. Tras retrasar su salida de la medianoche del viernes al sábado a la tarde del Sábado Santo, ha dejado de ser por completo una procesión de silencio. En los dos últimos años se ha completado esa transición en la que la banda de palio ha reemplazado a los antiguos tambores enlutados por completo.
Quedaba la guinda del Domingo de Resurrección. La procesión de Jesús Resucitado cierra desde hace una década y media nuestra Semana Mayor. Su recorrido también dejó instantes de expectación, como la difícil salida y entrada por la puerta lateral de Santa Catalina, la llegada al llanete y la ermita de San Pedro o la vuelta a su templo.
Así concluyó una Semana Santa en la que mención aparte merece el acompañamiento musical. En especial se ha podido disfrutar en estos días grandes del gran nivel de las dos formaciones locales. La Banda Municipal y la Agrupación Musical Santo Ángel Custodio coincidieron en la mañana del Viernes Santo con el Nazareno. Antes, la banda había tocado con Jesús de la Rosa y el Abuelito, y el mismo viernes haría doblete con el Santo Entierro. Por su parte, “los Custodios” remataron el Domingo de Resurrección. Cada una con su estilo, las dos han dejado el listón muy alto. Si la Semana Santa es una tradición esencial en Rute, esta seña de identidad no se entiende sin la calidad que aportan las dos con su repertorio de marchas.








