Bodas de plata para un festival de oro

  • El Festival de Baile de Sebastián Leal celebra 25 años, interrumpidos sólo por la pandemia, con una edición en que el arte mostró su lado más reivindicativo

Como previo a las treinta coreografías, Leal ofreció un repertorio por sevillanas con música en vivo

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Reconocía Picasso que le había llevado toda la vida aprender a pintar como un niño. Pese a su dilatada experiencia, Sebastián Leal dejó otra confesión al término de su XXV Festival de Baile. Al cabo de más de un cuarto de siglo dando clases, es consciente de que le queda “mucho por aprender”. Al menos, él cuenta con una ventaja de partida: baila como un niño. Con esa rotundidad lo afirmaron los presentadores de la gala, Inmaculada Ramírez y José Manuel Camacho, “la amistad y el amor”.

  • Las treinta coreografías que se interpretaron muestran la evolución de la escuela hacia otras disciplinas sin perder la esencia flamenca

Fue otra de las declaraciones vestida de confidencia que pusieron la nota emotiva a la noche, un guiño de complicidad al público y, por extensión, al pueblo de Rute y la sociedad en general. Porque el segundo de los Festivales de Verano que acoge el Teatro al Aire Libre “Alcalde Pedro Flores”, dentro de los Veranos Culturales de la Villa, fue una velada artística y reivindicativa. Leal sentenció que los años han podido cambiar su forma de ver el mundo y enseñar a bailar, pero no le han restado energía. Mantiene “la misma ilusión del primer día”. No era un brindis al sol. Literalmente, se había levantado de la cama del hospital para sentar cátedra sobre las tablas.

 

Por ahí iba más bien la frase de bailar como un niño, porque desde su infancia se quiso reivindicar, y rebelar, a través del arte, con pasión, inocencia y desparpajo, sin tapujos ni ataduras. Inma y José Manuel no regalaron el oído al auditorio: Sebastián Leal sufrió bullying o acoso escolar, “psicológico y también físico”, antes de que esa lacra tuviera siquiera un nombre con el que denunciarla. El futuro profesor ya respondió entonces haciendo honor a su apellido, así se dijo, “con lealtad” al baile, al arte, a quienes confiaron en él y sobre todo con lealtad a sí mismo.

Y ahí sigue, dando ejemplo en su escuela, no sólo con el baile, sino en especial con la actitud. Como subrayó su pareja, en este centro no se excluye a nadie de entrada. Al contrario, es una puerta a la solidaridad, desde la que colabora con colectivos sociales de Rute. En esta ocasión, en el recinto al aire libre hubo un espacio reservado para la barra benéfica de Cuenta Conmigo. Con esa misma filosofía, la escuela se ha reconvertido como centro y se ha abierto a otras disciplinas del baile, el ejercicio físico y el envejecimiento activo.

En la misma medida ha evolucionado el festival. Las treinta coreografías de esta edición son un compendio de esas disciplinas: funky, zumba, bailes de salón, baile moderno… y por supuesto flamenco y sevillanas. El mestizaje de la escuela con otros géneros no ha mermado esa esencia flamenca. Al contrario, la ha enriquecido y ha diversificado su público, desde niños o niñas de apenas unos años a gente de 70.

De ese crisol de edades que conforma el centenar más que largo de integrantes de la escuela, sólo una pequeña parte se animó a subir al escenario. Junto a las colaboraciones de fuera, pusieron de largo esa treintena de coreografías que, como toda la noche, fueron por sí mismas una declaración de principios. Tras el preámbulo por sevillanas con la música en vivo de Juan Martínez al cante y Juan Bermúdez a la guitarra, con Leal en solitario sobre las tablas, el repertorio giró del baile moderno del “Pride” (orgullo) inicial a las bulerías de cierre.

Por medio, todo lo que da de sí la escuela, flanqueado por las dos máximas de las que hace gala: valores y arte. Y de propina, compañerismo, el de Marina Moreno en una de las coreografías, escenificando la universalidad del lenguaje del baile en un ejercicio de admiración mutua. Quedaban el saludo, los reconocimientos y la despedida finales, con regalos del alumnado y uno extra: el diploma entregado por la concejala de Cultura, Dolores Ortega, en nombre del Ayuntamiento por estas bodas de plata.

La noche concluyó como había empezado, con otra invitación reivindicativa de Leal, la de amar “con libertad”: a las personas, el baile, la vida. Él lleva haciéndolo desde niño, desde hace 26 años lo enseña en su escuela y durante 25 se ha podido ver un festival único, que sólo pudo interrumpir una pandemia.

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