Bartolomé Sánchez aborda en su nueva novela el amor imperecedero

  • “Juan, Carmen y el amor” cuenta la historia de dos personas que son capaces de sobreponerse a todas las vicisitudes para mantener su relación

Bartolomé Sánchez ha vuelto a sorprender a sus lectores con un nuevo libro. Lo ha hecho, además, por partida doble. En primer lugar, porque es una buena noticia para quienes le siguen que, aunque la salud le imponga limitaciones en otros aspectos de la vida, no lo haga a la hora de escribir. Y en segundo, porque, por esa misma salud, no estaba prevista su presencia en la presentación en Rute de esta nueva entrega literaria. Lleva por título “Juan, Carmen y el amor”, una novela de apenas cien páginas que ahonda en uno de los temas más recurrentes de la literatura y del propio autor. Está publicada por la editorial antequerana ExLibric. Su director, Carlos Torres, fue uno de los asistentes que acompañó a Sánchez en la presentación en el Edificio Alcalde Leoncio Rodríguez.

  • Los intervinientes destacaron que Sánchez ha sido capaz de trasmitir ternura y verdad haciendo bandera de su capacidad para la concisión

En la fría tarde del 3 de diciembre las palabras de los intervinientes dieron calor al autor. La concejala de Cultura, Dolores Ortega, quiso “celebrar” que en Rute se presente una nueva obra literaria. Según detalló, es la sexta que publican autores locales en los últimos años. Tras repasar la trayectoria profesional de Sánchez, como profesor de Matemáticas y Ciencias Naturales, y política, como concejal del Ayuntamiento y vicepresidente de la Diputación, Ortega se adentró en su universo literario. La edil destacó la capacidad de Sánchez para emocionar con una literatura que nace “de la vida misma”, narrando desde “lo cotidiano y lo sencillo”.

A continuación, Carlos Torres señaló que “Juan, Carmen y el amor” pertenece a esas historias que parecen escritas “con un oído pegado al corazón y el otro al silencio”. En la novela “no hay trampas, sino vida”. En sus páginas el amor está tratado “con una honestidad que desconcierta”. El protagonista muestra una fragilidad “a veces torpe, pero siempre humana”, y eso genera ternura. Según el editor, el novelista “no juzga, se limita a observar”. Cree que su mayor virtud es que no intenta enseñar nada, “lo único que hacer, y no es poco, es acompañar”.

Más emotiva aún fue la intervención de Antonio Llamas, alumno de Sánchez hace más de cuarenta años. Aparte del vínculo personal, y en su condición de ser también lector y escritor, Llamas subrayó que el libro está “contagiado por la gracia de la buena literatura”. Su narrativa tiene un equilibrio entre lo sensitivo y lo duro, la alegría y el amargor. Según este profesor de Matemáticas, el autor contempla la vida “mientras agranda el silencio, arriesga y escribe a corazón abierto”. Para Llamas, el mundo literario de Bartolomé Sánchez es “un mosaico de esperanza”, donde sorprende su facultad para escribir con tanta sencillez.

En esa línea, Belén Ramos, licenciada en Filología, elogió el don de Sánchez con la brevedad como una virtud en una época en que prima lo efímero. Ramos se adentró en los temas que aborda un libro que emparentó con las grandes historias de amor de la literatura universal. Junto a ese eje vertebrador, la novela también aborda la soledad, “uno de los males de nuestro tiempo”, los miedos o la ansiedad, “pero también la esperanza”. La ponente también quiso poner en valor las referencias a la literatura que encierra el libro. Cree que es una novela “de amor a la literatura y un canto al amor como salvación y catarsis”.

Como guinda, Bartolomé Sánchez quiso hacer una defensa del lector en un decálogo. Reconoce que hay un antecedente de su actual novela en “Un amor otoñal” y que el resultado final es fruto de la importancia de “reescribir”, ya que al principio había unas ciento cincuenta páginas. A la hora de pulir y ahondar en esa concisión de la que ha hecho bandera, ha intentado potenciar los diálogos, porque el narrador “describe, pero es importante lo que dicen los personajes”. Antes de la firma de ejemplares, el autor concluyó emocionando con una mención a los sesenta años de relación con su esposa. Quiso reivindicar la pareja hombre-mujer y sentención que el divorcio, aunque a veces sea necesario, nunca es una victoria, “sino el fracaso de una relación”.

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