-
El colaborador insignia de Radio Rute ofrece en el Círculo de Rute un recorrido por los discos que marcaron la cultura de la primera mitad de esta década
Andrés Garrido es uno de los mayores aficionados a la música (y entendidos y apasionados) que hay en Rute. Es también un comunicador nato (e innato). Tal vez este segundo aspecto pase más desapercibido. Pero sin él tampoco se entiende su facilidad para contagiar el entusiasmo por canciones y melodías de todos los géneros, estilos y épocas. Sus programas en Radio Rute son parte esencial de la hemeroteca de la emisora municipal no sólo por la calidad del repertorio seleccionado. Escucharlos es recibir una clase magistral, y no por ello menos amena, de los discos radiados, bien de forma genérica o en entregas temáticas como el jazz.
Su profesionalidad meticulosa le ha consagrado como es el colaborador más icónico de Radio Rute y las puertas a su talento natural para trasmitir tal pasión por la música siempre han de estar abiertas. Asegura que la preparación para dirigirse a un micrófono o a un auditorio difieren. Sin embargo, la charla que ofreció el pasado sábado 20 de junio en el Círculo de Rute le quita en parte la razón. Formaba parte de una serie de entregas de este tipo propuesta por la Asociación Cultural Abad de Rute de carácter temático. Además, contó con la asistencia técnica de Radio Rute y de Manuel Arévalo para la proyección de portadas.
- Las canciones, los músicos, los grupos, adquieren un compromiso social y se convierten en un reflejo de la época y el contexto en que se componen
Como sus programas, la charla o encuentro (se niega a llamarlo ponencia) tenía un título tan poco pretensioso como sugerente: “Revive los 70”. La idea era interactuar con el auditorio que llenaba el salón de actos del Círculo. Lo logró a través de la complicidad de canciones que son más que historia de la música pop. Para muchos asistentes representan himnos generacionales. Porque uno de los aspectos que planteó y defendió es que la música de esa década reafirma el cambio ya advertido a finales de los “felices 60”. Las canciones, los músicos, los grupos, adquieren un compromiso social y se convierten en un reflejo de la época y el contexto en que se componen.
La década arranca con la muerte de referentes como Janis Joplin o Jimi Hendrix y la publicación del testamento discográfico de la banda más paradigmática del pop, el “Let it be” de The Beatles. Y concluye con la explosión iconoclasta del punk. Por medio, se sucede un tsunami de estilos, corrientes y tendencias tan difíciles de abarcar que Andrés pronto asumió que no tendrían cabida en un solo encuentro de este tipo. De ahí que esta entrega se ciñera a la primera mitad de los 70, con el compromiso de completar en una segunda parte la década y dedicar una tercera a lo que sonaba en España.
Ya en ese lustro van eclosionando y dándose la mano de forma natural y casi simultánea el hard-rock de Led Zeppellin, el glam de David Bowie, el rock más visceral de Lou Reed o Patty Smith, el sinfónico de Pink Floyd. Conviven con el estilo sureño de la Creedence Clearwater Revival, el country-rock de Eagles, el folk de Simon & Garfunkel o Bob Dylan o la canción de autor de Leonard Cohen. Perviven también las carreras en solitarios de los antiguos Beatles y el antiguo sonido motown de Marvin Gaye abre paso al nuevo soul de James Brown, o los primeros pasos de la emergente música disco. Y juntando la mayoría de esas tendencias, Mike Oldfield emerge con el fundacional “Tubular bells”, primera de sus obras instrumentales monográficas. También aparecen los discos conceptuales y proliferan las grabaciones en directo.
Ese amplísimo recorrido se estructuró por años (1970-1975). No obstante, la charla no fue “una lista de éxitos”. Para eso, como ya ha hecho en otras ocasiones, ha dejado una playlist con algunas de las canciones más representativas. A su vez, una pequeña parte se pudo escuchar en pequeños fragmentos. Su corta duración dejó la posibilidad de aportar más detalles y anécdotas que daban continuidad, sin que pareciera un listado compartimentado. En cambio, cada vez que sonaba una canción el público se quedaba con ganas de más. Como consuelo está la certeza de que la segunda entrega será igual de apasionante.
Ratificando por adelantado lo que Andrés Garrido iba a confirmar justo a continuación, Bernabé Padilla, presidente de Abad de Rute, abrió la noche contextualizando la década abordada. Como recordó, la mayoría de estilos que surgen en estos años proceden del mundo anglosajón. Pero tampoco se puede olvidar en nuestro país la influencia social y cultural de los cantautores. Asimismo, no pasó por alto al epicentro donde se conocía toda esa música en Rute, el Club Juvenil. Junto a su introducción, la concejala de Cultura, Dolores Ortega, agradeció la colaboración del Círculo de Rute y Radio Rute, y subrayó la labor divulgadora de Andrés Garrido a través de la música.







