Abril sigue siendo para vivir

A Magdalena Granados Martín,
buena vecina de la Virgen del Carmen.
y ahora ya más cerca de Ella.
Que en paz descanse.

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“La primavera insiste
cada año
en sacudirte la melancolía”.

Karmelo C. Iribarren

 

Es primavera y salen a la calle procesiones, como cada año. La que va por dentro sale también, a diario, a su paso. Y es que, como de veranos azules, nuestra vida está hecha de Semanas Santas, de Domingos de Ramos jubilosos y de calvarios alternándose con los gozos, entreverados; hecha de esplendores y entradas triunfales en Jerusalén, mezcladas con madrugadas de desolación en Getsemaní, no queriendo que llegue la hora fatal de la despedida de este mundo de gente que queremos ni la nuestra y, sobre todo, rehuyendo, en lo posible, el amargo cáliz del sufrimiento. ¡Quién pudiera evitarlo…! Sin embargo, es inevitable pasar por él, en mayor o menor grado. Llega y sacude los cimientos de la existencia y la deja temblando de frío, aterida, tiritando. Quien tiene fe, sabe que su casa está asentada sobre roca y, aunque sople, a veces, el viento de la duda, no teme. Espera. Quien no la tenga, buscará en qué sostenerse y a qué agarrarse para seguir adelante. Pero, unos y otros, luchan por combatir el desapego hacia este mundo al que abocan la nostalgia y la pena, el abismo desolador de las ausencias, sobre todo si es la de quien llenó la vida nuestra con su sola presencia. Quien más, quien menos, hace lo que puede y más por no rendirse, por recomponerse y que sus heridas cierren. Algunos, cansados de sufrir, no quieren vivir más. No ven más que noche, aunque esta pudiera ser, en ocasiones, la espera del día. Quien solo sufre, quisiera dejar de hacerlo o paliar su sufrimiento. Y otros, en cambio, aun sabiendo cómo se las gasta la vida, desean a toda costa seguir viviendo. Porque, en el fondo, late en el ser humano la pulsión por vivir, el anhelo de vida, de esa vida capaz de renacer de sus propias cenizas y resurgir cada día; el deseo imposible de detener las horas felices y extraerle al tiempo, en su carrera fugaz, todo lo que tenga de bueno. Y es que, aun sintiendo que “todo lo vivido se empoza (…) en la mirada”, como escribiera César Vallejo, llevamos la vida sembrada dentro. Pese a los pesares, abril sigue siendo un mes para vivir. Tras un invierno duro y lluvioso, va la vida y despliega sin reparos todos sus encantos: pantanos, ayer casi secos, se van llenando; ríos, antes sin agua, corren ahora veloces buscando el mar… Venimos del invierno y, porque conocemos el frío, bendecimos ahora el sol que nos calienta, más horas de luz, el día que se resiste a acabar y retrasa el atardecer. Venimos del dolor y, con la dignidad de quien ha soportado su embestida, abrazamos la vida, aunque duela y nos clave un puñal cuando menos se espera. Nuestro deber es vivirnos, que diría Pedro Salinas. Vivir es nuestro oficio, sacando fuerzas de flaqueza de donde las hubiera, aunque es cierto que, con frecuencia, la realidad es terca y se impone con fiereza y cuesta ver, si es que se ve, luz entre tanta tiniebla. Pero siempre hay algo que consuela, un poco siquiera, de la desdicha, del dolor que aprieta o de tanta devastación causada por la guerra: una canción que nos gusta, una flor que brota por sorpresa, palabras amables dichas a tiempo, el día cuando se despereza, la tarde al caer, la vida un día de diario, en marcha y a su ritmo, sin necesidad de que sea fiesta, con su bullir y su pulso, y su trajín, con sus ratos de calma también. Por insignificante que parezca, casi siempre hay algo que rescata y evita tocar fondo, que amortigua la tristeza, que sostiene y alienta. Las losas del sepulcro pesan demasiado, pero hay vida que las trasciende, recuerdos que acompañan, ilusiones que ejercen de motores, gestos que insuflan vida y resucitan, y, a menudo, existe la oportunidad de reiniciarse cada mañana y vivir la vida como quien la estrena, sin ajustarle cuentas, porque llevamos las de perder. Pero, mientras vivamos, la vida es nuestra y, como dicen los versos de Iribarren, hay que “vivir como si el tiempo/nos debiese algo, como si fuese nuestro/exigiéndole al contado lo que nos pertenece”. Vamos a ello antes de que sea tarde. Tenemos toda una nueva primavera por delante.

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