Conoce Rute

  • Prehistoria e Historia Antigua

    Resulta difícil ofrecer datos sobre la Prehistoria de Rute, ya que sólo han aparecido restos de dos yacimientos en su término municipal: una cueva con materiales neolíticos y una necrópolis de la Edad de los Metales. También existió una necrópolis, seguramente de la Edad del Bronce, en el entorno de la Camorra.
    Tendrían que pasar dos milenios hasta encontrar un asentamiento “estable” en nuestro término municipal. Sería la ciudad de Cisimbrium, nombre de Zambra en la época ibero-romana, que llegaría a alcanzar la categoría de municipio y que se extendía hasta entrar en lo que hoy es Priego de Córdoba y parte de Lucena. Cisimbrium se encontraba próxima al río Genil, lo que le permitía el contacto con el comercio aceitero de Astigi (Écija) y el Betis, además de poder enlazar con Igabrum (Cabra) al norte y con la vía Corduba-Malaca al oeste. De todo ello dan fe numerosos yacimientos aparecidos, así como algunas inscripciones y citas literarias de la época.

    Edad Media
    A partir de la Edad Media, Rute ocuparía su emplazamiento actual; ya existió, a juicio de algunos autores, un emplazamiento visigodo en torno al Castillo de Rute. La población surge a principios del siglo XIII, en lo que se conoce como Rute el Viejo, donde se ubicaba una fortaleza árabe de carácter defensivo. Sería conquistada mediante capitulación y donada al consejo de Córdoba por Fernando III, en torno a 1240, pero su situación resultaría muy inestable hasta 1433, debido a que constituía una frontera con el reino de Granada, siendo sucesivamente perdida y reconquistada posteriormente por gobernantes como el infante don Pedro o Alfonso XI.
    En esa fecha de 1433 la recupera definitivamente para los cristianos Juan II, yendo a parar con categoría de señorío a su doncel Ramiro Yánez de Barrionuevo. Sin embargo, durante la guerra civil entre Enrique IV y el infante don Alfonso (1465-68) cambiaría nuevamente de manos, siendo otorgada en esta ocasión a Diego Fernández de Córdoba, señor de Baena, primer Conde de Cabra y miembro de una dinastía que gobernaría la localidad durante la Edad Moderna. Toca la Edad Media a su fin. Por aquella época Rute, pese a haber recuperado cierta estabilidad política, mantiene un pleito por términos con Priego. Su censo de entonces es de 126 habitantes, extendidos en una zona, en su mayor parte sin cultivar, de monte bajo, encinar y caza mayor.

    Historia Moderna

    Sería a partir del siglo XVI cuando se produjera el fenómeno de la repoblación y el abandono del primitivo Rute el Viejo, notablemente deteriorado por los continuos ataques cristianos y musulmanes, para bajar hasta la actual ubicación, menos abrupta. Aquí se configurarían los primeros barrios, además de la edificación de la Parroquia, el Ayuntamiento, el Pósito y la Feria. La vida local se organiza a través de las ordenanzas municipales y se produce un considerable crecimiento demográfico, pasándose de 500 habitantes en 1530 a 2600 en 1591, amén de iniciarse el cultivo programado de las tierras. Detrás de todo ello se encuentra el señor y abad don Juan de Córdoba, creador del Rute moderno. Ese incremento demográfico se prolongaría durante siglos rozándose los siete mil vecinos a principios del XIX.
    Sin embargo, esta sociedad arrastraba aún modos de organización más próximos a la Edad Media, emulando el sistema feudal. El conde de Cabra y duque de Sessa, y sus descendientes, ejercía un poder casi absoluto y era de largo, junto a algunos hidalgos y labradores ricos, el dueño de la mayor parte de la tierra. Esta minoría es también la que mantiene el control socio-político de una población cuyo grueso lo constituyen básicamente el proletariado rural y unos campesinos que o bien viven de sus escasas propiedades o bien del arrendamiento de tierras señoriales o municipales. Lo más parecido que podemos encontrarnos a la clase media ya incipiente en otros lares es un reducido grupo artesanal y de servicios, económicamente débil y con alguna posibilidad de integración entre los privilegiados para aquellos que consiguen hacer fortuna.
    Nos encontramos, pues, con grandes propietarios de tierras, absentistas por otra parte, ya que pueden vivir de las rentas de aquéllas, y controladores, junto con la Iglesia local, de la situación política, social y cultural; siguiéndoles en la pirámide social estaban los hidalgos, algunos de ellos caballeros y grandes arrendatarios; una débil clase media situada entre dos aguas; y por último una inmensa mayoría de campesinos carentes de tierra, un salario bajo, no exento de grandes impuestos, y con una participación en la vida política y social prácticamente nula.
    Estos desequilibrios evidentes son la causa principal de que, a pesar del considerable crecimiento en cuanto a población y productividad durante tres centurias, a finales del siglo de las luces la situación de desarrollo en Rute fuera bastante precaria.

    Historia Contemporánea
    El siglo XIX traería a Rute cambios significativos, algunos de ellos de carácter involutivo, como fue la epidemia de morbo, que mermó hasta en 1400 personas la población hacia los años cincuenta. El desarrollo, en cambio, vino de la mano de la diversificación económica, que se plasmó especialmente en el auge de la industria alcoholera, con un total de dieciocho alambiques registrados a mitad de siglo. A la postre constituiría una de las señas de identidad del pueblo. Junto a ella, se mantiene la industria de transformación ganadera y una todavía emergente industria textil.
    En las primeras décadas del siglo XX, los movimientos político-sociales de izquierdas surgidos en la centuria anterior empiezan a encontrar sus primeros canalizadores y portavoces, destacando las figuras de Sánchez Guerra y Juan Morán Bravo, impulsor del mensaje socialista en la localidad, que llegaría a ser uno de los puntos clave de esta ideología junto a Lucena o Puente Genil. Estas proclamas encontrarían su punto de inflexión durante la II República, con constantes agitaciones sociales y un paro estacional agrario. Más tarde, la Guerra Civil del 36 y la represión posterior silenciaron estas corrientes de pensamiento, ya que los falangistas tomaron pronto el control de la situación.
    Los ciudadanos de Rute, como los del resto de España, sufrieron la regresión de la Guerra Civil y de la dictadura franquista, y sólo a partir de los años sesenta comenzaría a levantar cabeza, aunque esa recuperación fue acompañada del fenómeno extendido en todo el país de la emigración. Consecuencia de ello fue el descenso de población que ha afectado al pueblo desde entonces, pasándose de los más de veinte mil habitantes de los años cuarenta a apenas diez mil en la actualidad.

    Tras la muerte de Franco y la consiguiente transición hacia la democracia, hay que distinguir dos períodos políticos en Rute: uno gobernado por los grupos de centro, concretamente la UCD, que se prolonga hasta 1983. En ese año toma la alternativa en la alcaldía el PSOE, en el poder hasta 1991, cuando fue relevado por Izquierda Unida. La coalición ha gobernado durante cuatro mandatos desde entonces y hasta la actualidad, con un paréntesis de gobierno socialista entre 1999 y 2003.

  • Callejeando por Rute

    Conocido como “La Blanca Villa”, un clarificador cartel que reza “Bienvenidos a Rute, pueblo del anís” recibe al viajero recordando su principal seña de identidad. Esto sucede en el final de la carretera de Lucena que desemboca en lo que es la avenida Blas Infante, que atraviesa a modo de rotonda el lado oeste del pueblo. En ella se encuentran entre otras instalaciones, la sede de la televisión local, el cuartel de la Guardia Civil, cerca del Polideportivo Municipal, o la Cooperativa Agrícola. Por la entrada de Blas Infante se llega a la calle Duquesa, donde está el Parque Nuestra Señora del Carmen, inaugurado en 1929. En su entorno, repleto de flora como pinos o palmeras, se pueden visitar la Casa de la Cultura, sede de la emisora municipal de Radio Rute, la Oficina de Turismo o el Teatro al Aire Libre “Alcalde Pedro Flores”, así como la conocida Patera, estanque de patos que comparte protagonismo con el de los peces.
    Lo que antaño fuera prácticamente la periferia del pueblo empieza a estar rodeado de numerosas urbanizaciones ya que desde hace unos años el territorio habitado tiende a extenderse hacia el ala oeste hasta la parte suroccidental, en una especie de prolongación natural de lo que se conoce como el “Barrio Bajo”. Contiguo al Parque se encuentra el Paseo Francisco Salto, construido a principios de siglo en honor al insigne médico y alcalde local, cuyo busto preside el recinto decorado con farolas y bancos de época, además de numerosas palmeras y setos que conforman un jardín de incomparable belleza. En 2005 este paseo fue ampliamente remodelado, aunque sin perder sus rasgos distintivos, como el mencionado busto.

    Abandonamos el Parque y nos acercamos por las calles Andalucía y Juan Carlos I hasta el Ayuntamiento, edificio situado en la confluencia de cuatro calles a la que se le ha dado desde hace unos años el nombre de Plaza de Nuestra Señora del Carmen. Una de las calles en cuya confluencia se configura esta plaza es la calle Del Pilar, también llamada Alfonso de Castro, en honor al ruteño fundador del hospital que lleva su nombre. Las otras son Toledo, sede de la ermita de la Virgen del Carmen y que corre paralela a Roldán, formando ambas en su unión desniveles tan abruptos que se les conoce como Los Barrancos del Carmen; la propia calle Juan Carlos I, conocida antes por sus edificios como Los Palacios, y la calle Granada, llamada así lógicamente por ser el antiguo camino que partía hacia la ciudad de la Alambra; estamos ante las calles con más movimiento humano y más concentración de comercios y negocios en general de la localidad.

    En la calle Granada se encuentra la Parroquia de Santa Catalina, una de las joyas arquitectónicas del pueblo. Data del siglo XVIII y en ella se pueden admirar, entre otras, las figuras del Nazareno y de la Virgen del Carmen, ya que es la “residencia” de la Patrona en los días que dura la novena. Enfrente, haciendo esquina con la calle Portugueses o Juan Crisóstomo Mangas, está la residencia de ancianos del mismo nombre, regentada hasta 1994 por las hermanas mercedarias. En su recinto alberga la capilla de San Sebastián, pequeña pero solemne. Sus frescos, de reconocido valor, fueron restaurados en 2007.

    La calle Granada, también conocida en su día como calle Alfonso XIII, ha sido una de las arterias del pueblo y se extiende casi a las afueras hasta la Puerta del Sol, cuyo nombre proviene de cuando la villa estaba amurallada, para dar paso a la calle Málaga, inicio de la carretera Málaga-Granada que se ha convertido hoy en día por sus numerosos bares y pubs en lugar habitual de la movida juvenil. En su entorno se encuentran el Hotel María Luisa y el Instituto de Bachillerato “Nuevo Scala”, reconstruido en 1994.

    Formando vértice con las calles Blas Infante, Granada y la Puerta del Sol se halla la calle Barroso. Ya estamos metidos en pleno barrio de la Vera Cruz, barrio relativamente moderno pese a haberse conformado alrededor de la ermita que le da su nombre, del siglo XVI. Allí se encuentran las imágenes de la Virgen de la Sangre y Jesús amarrado a la columna.
    Por la calle Barroso se llega hasta el cruce con la calle Priego, sin duda otra de las arterias importantes del pueblo y por la que se puede acceder, ya que atraviesa de abajo a arriba la mayor parte del núcleo urbano, al Barrio Alto (al que se sube igualmente desde la citada Alfonso de Castro, por el empinado y conocido “Chorreadero”, donde se ubica como vigía el Hogar del Pensionista). Cortando por la calle del Señor proseguimos hasta la Plaza de Nuestra Señora de la Cabeza, presidida por la Parroquia de San Francisco de Asís. Destaca como titular la “Morenita” en el altar mayor, en el que figura también el cuadro de la Virgen del Pópulo. Otras imágenes que se veneran en esta parroquia son las de Jesús de la Rosa, Nuestra Señora del Mayor Dolor o el Santísimo Cristo de la Misericordia. Junto a la iglesia se encuentra la Escuela-Hogar Juan de Dios Jiménez, regida por las Hermanas Mercedarias de la Caridad.

    Tanto por El Llano como por la calle Fresno podemos llegar al recinto habitual de la Feria Real, en el Paseo del Fresno. Aquí también se pueden  visitar las destilerías Duende, incluido el Museo del Anís, y las de Anís Machaquito. Mirando de reojo la Sierra de Rute subimos por el paseo hasta los Cortijuelos, una de las calles emblemáticas en el segundo domingo de mayo, en las fiestas en honor a la Virgen de la Cabeza, calle que desemboca prácticamente en las afueras del pueblo, en la entrada de la carretera de Priego. Desde ahí se puede subir hasta el cementerio de San Cristóbal, junto a la ermita de la Virgen de la Soledad, o bajar de nuevo hasta la calle Fresno, que se bifurca después de pasar el desnivel conocido como “La Guitarrilla” en “El Chorreadero” y en el Cerro, cuya pendiente casi produce vértigo. Por ello, esta calle, al igual que las otras dos que corren casi paralelas a ella, Calvario y Pedro Gómez, están salpicadas de peanas bellamente ajardinadas, para compensar el desnivel.

    Del Cerro parten de manera perpendicular numerosas calles igualmente empinadas, también niveladas con peanas, como pueden ser Julio Romero de Torres o Cabra, esta última llamada así por ser el antiguo punto de partida a la vecina localidad. La vía hace esquina al fondo del Cerro con la ermita de San Pedro, que da nombre al barrio, donde son veneradas las imágenes de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y la Soledad de Nuestra Señora. En el otro costado de la ermita nace la calle Lucena, unida con Cabra por la calle Herrero, que va a parar hasta la Ronda, un poco más abajo de otro de los puntos importantes de la localidad, el Pabellón de Deportes Gregorio Piedra, inaugurado en 1998..

    Tan sólo parecería que se termina ahí el pueblo, un pueblo donde se fusiona lo moderno y lo antiguo, pero que continúa en expansión. Al nacimiento hace ya unas décadas de barriadas como Los Manzanos se han sumado zonas como el PPR-1 o todo el lado oeste de la avenida Blas Infante.

  • Entorno natural

    Rute está situado en el límite meridional de la provincia de Córdoba, en el Parque Natural de las Sierras Subbéticas, pero al mismo tiempo cerca de la campiña cordobesa. Ésta es la explicación posible del contraste geográfico perceptible en la localidad, donde se alternan el terreno montañoso y las características más propias de la campiña en zonas como la aldea de Los Llanos. La parte oriental del término municipal es la más escarpada, destacando la Sierra de Rute y el inicio de las sierras de Gallinera y Gaena. Es precisamente esta compleja orografía la que propició el traslado de los vecinos desde Rute el Viejo hasta el actual núcleo urbano, que se halla en la falda de la sierra que lleva su nombre.
    Por el contrario, en el lado occidental el único accidente geográfico destacable es el río Anzur, que atraviesa buena parte del término municipal, aunque su curso queda más próximo a las aldeas. No es ésta la única manifestación hidrográfica en Rute, ya que su zona meridional está delimitada por los ríos La Hoz y Genil, inundando éste parte de su superficie merced a la retención de aguas del pantano de Iznájar.

    En cuanto a su climatología, oscila entre el clima mediterráneo y el de interior, debido en buena medida a las características geográficas anteriormente mencionadas, que impiden que la influencia atlántica sea digna de reseñar, de modo que presenta bastantes similitudes en este sentido con algunas ciudades del interior más o menos próximas, como Jaén o Granada, con idéntico contraste de veranos excesivamente calurosos e inviernos más bien fríos. Con todo, las heladas son de menor intensidad que en estas capitales, aunque igualmente perjudiciales, y rara vez ha nevado en las últimas décadas. Por lo que se refiere a las precipitaciones, sus seiscientos litros por metro cuadrado de media son inferiores a los de otros puntos de la comarca, puesto que la Sierra de Rute presenta la misma orientación que las masas nubosas, dejando de ser un obstáculo y disminuyendo las posibilidades de lluvias.

    Respecto a la naturaleza de Rute, en muy poco espacio físico se pasa de la planicie de Los Llanos, por un lado, y las playas anejas al embalse de Iznájar, por otro, a la Sierra Alta, con 1326 metros de altitud. Esta diversidad paisajística es consecuencia del plegamiento alpino del terciario medio.

    El Pantano de Iznájar, que detiene y estanca las aguas del río Genil, constituye uno de los mayores embalses de España, extendiéndose a pesar de su nombre por buena parte del término municipal de Rute. En dichas aguas se pueden contemplar diversas especies de aves, además de permitir en otro aspecto la práctica de determinados deportes, como la pesca, natación o, más recientemente, la vela, con la creación añadida de un camping para potenciar el turismo de esta zona.

    Por lo demás, la propia existencia de esta agua, así como la central hidroeléctrica, permiten el abastecimiento de buena parte de la mitad sur de Córdoba. Junto al río Genil y el Pantano de Iznájar, el río La Hoz ofrece un enclave escarpado que permite en épocas de altas precipitaciones la formación de cascadas.

    Otro de los focos de interés lo constituye la Sierra de Rute, macizo calizo repoblado en su mayor parte de pino carrasco. Supone una reserva natural de vital importancia, con especies de flora destacadas como lentisco, cornicabra, aulaga, boligna o esparto, y otras no menos importantes de fauna como son la presencia de águilas, jinetas, zorros, jabalíes o cabras montesas, aves como el ruiseñor o insectos como la mariposa.

    El resto del territorio lo completan básicamente los olivares. Todo ello, junto al curso del río Anzur y su principal afluente, el arroyo de Las Tijeras, justifican el remarcado interés medioambiental de la localidad.

  • Carnaval (variable)

    Una de las fiestas clásicas del pueblo. Tras su época de esplendor en la II República, estuvo prohibido durante muchos años, pero no por ello se olvidó la tradición de los disfraces y las máscaras. Con la llegada de la democracia, recuperó su tirón popular hasta la fecha.

    Semana Santa (variable)

    Numerosas son las imágenes que desfilan a lo largo de la Semana Mayor en Rute, consecuencia y confirmación del fervor religioso del pueblo, que lejos de perderse con el tiempo han aumentado en número de devotos. De hecho, en las últimas dos décadas han aparecido nuevas cofradías, a la vez que se han refundado otras ancestrales que habían permanecido disueltas durante años.

    *  Domingo de Ramos.

    Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén (La Borriquita): una de las cofradías más recientes de la localidad (1962). La Pollinica sale acompañada de niños y mayores que portan las palmas y ramos de olivos, emulando a los hebreos.

    Jesús Amarrado a la Columna y María Santísima de la Sangre: al contrario de La Borriquita, ésta es la decana de las cofradías ruteñas (1655). Ofrece en la tarde-noche del Domingo de Ramos el primero de sus recorridos procesionales (el otro, en un ambiente completamente distinto, es el del Día de la Cruz), donde destaca y sobrecoge el tramo final, con la subida de la calle Virgen de la Sangre de ambos pasos a la vez con las luces apagadas, pero iluminados por dos filas de antorchas.

    *  Martes Santo.

    En la media noche sale de la iglesia de San Francisco de Asís la procesión del Cristo de la Misericordia, Cristo clavado en la cruz que es portado a hombros, en un recorrido silencioso y con el alumbrado público apagado. Creada en 1981, ésta es la segunda cofradía más “joven” de las que existen actualmente en Rute, tras la de Jesús Resucitado, y, a día de hoy, la más reciente de cuantas salen en procesión.

    *  Miércoles Santo.

    También salen de la Parroquia de San Francisco de Asís los pasos de Jesús de la Rosa y Nuestra Señora del Mayor Dolor. Son varias las teorías e hipótesis, a caballo entre la realidad y la leyenda, que explican el nombre del Cristo y el hecho de que, efectivamente, lleve una rosa en la mano. Esta procesión, que data de mediados del siglo XVIII, pero que fue reorganizada en 1981, ofrece uno de los momentos más conmovedores de la Semana Santa ruteña a la hora de su encierro, con la bendición del Cristo al pueblo.

    *  Jueves Santo.
    Procesión de Jesús de la Humildad (conocido popularmente por “El Abuelito”) y La Soledad de Nuestra Señora. Igualmente, uno de los desfiles más antiguos del pueblo (1685), prolonga la mayor parte de su trayecto en el barrio de San Pedro, donde ambas tallas tienen su sede en la ermita del mismo nombre. “El Abuelito” es una de las imágenes que despierta más devoción entre los ruteños.

    *  Viernes Santo.

    Procesión de Jesús Nazareno y Nuestra Señora de los Dolores: es la del Nazareno (1624), atribuido a Martínez Montañés o seguramente a alguno de sus discípulos, una de las imágenes más emblemáticas de la localidad por la perfección y el detallismo en el dolor de sus rasgos faciales. Su recorrido se inicia al alba en la Parroquia de Santa Catalina y tiene uno de sus puntos más llamativos en la subida por el Cerro.

    Procesión del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores: dentro de la misma cofradía del Nazareno, de hecho se trata de la misma imagen de la Virgen que desfila por la mañana. La procesión del Cristo yacente recorre la parte de abajo del pueblo en un ambiente de solemnidad y respeto.

    Procesión de Nuestra Señora de la Soledad: con el mismo tono de solemnidad y sobre todo silencio (el alumbrado público vuelve a apagarse), desfila desde 1937 la Virgen en solitario tras el Santo Entierro desde su santuario junto al cementerio, en un recorrido que finaliza con el rezo de un responso a las puertas del camposanto.

     

    San Marcos (25 de abril)

    Una tradición que tiene su origen en la vecina localidad de Cuevas de San Marcos y que acabó extendiéndose a varios pueblos vecinos. Familias y grupos de amigos deciden este día comer en el campo la famosa “merendilla”, con la típica “pavita” (pan cocido con un huevo duro dentro), en lugares que ya se han convertido en habituales como La Teja, La Noria o El Pantano.

    Día de la Cruz (primer domingo de mayo)

    Debido al apretado programa de fiestas del mes de mayo ruteño, y pese a que oficialmente el Día de la Cruz sigue siendo el 3, desde hace unos años se ha optado en la Cofradía de la Vera Cruz por trasladar el recorrido procesional de la Virgen de la Sangre y la Santa Cruz hasta el primer sábado de mayo. Entre todos los festejos de los días previos sobresale el tradicional concurso de cruces, que tuvo su origen en el propio barrio de la Vera Cruz y que ha terminado por consolidarse en todo el pueblo.

    Fiestas de la Virgen de la Cabeza (segundo domingo de mayo)

    Cofradía filial de su homónima de Andújar, fundada en 1644 seguramente por unos colonos caleros procedentes de Sierra Morena que se asentaron en Rute a principios del siglo XVII. Tienen estas fiestas su preámbulo en la salida a partir del Sábado de Gloria de los Hermanos de la Aurora, así como en la romería del pueblo jienense del último domingo de abril. En ella participan los romeros ruteños, que vuelven al lunes siguiente al pueblo, con caluroso recibimiento popular, en lo que se conoce como “la llegada de los hermanos de Andujar”. Más tarde, el segundo domingo de mayo, dentro de la feria, la Virgen de la Cabeza sale en procesión en dos trayectos de características bien diferentes: el de la mañana, con un tono más cercano al de una romería, centrado en el Barrio Alto y especialmente en los Cortijuelos, donde los costaleros “bailan” a la Virgen y el pueblo le canta y suelta palomas de paz; ya por la noche, el recorrido se reviste con un toque de solemnidad, paseando por todo el pueblo con entrada en la feria y finalmente en su templo, entre nuevos bailes y fuegos artificiales. Estas fiestas concluyen el día 31 de mayo, con el tradicional paso de los niños nacidos en el último año por el manto y el posterior besamanos.

    Fiestas de la Virgen del Carmen (día 15 de agosto)

    Encuadradas dentro del mes vacacional por excelencia, las fiestas en honor a la Patrona de Rute tienen el preámbulo en las semanas anteriores con la salida de los Hermanos de la Aurora, pero su introducción y punto de arranque lo constituyen el triduo de julio y el traslado el último domingo del mes de la Virgen desde su santuario en la calle Toledo hasta la Parroquia de Santa Catalina Mártir. Allí permanece mientras duran los festejos, que tienen como puntos de interés la celebración de la Novena, el Pregón, la Ofrenda de flores y la velada de la víspera del día 15. Esta fecha culminante se inicia al amanecer con la tradicional Diana a cargo de la Banda Municipal de Música y continúa a mediodía con un pasacalles de gigantes y cabezudos. Ya de noche, la Virgen recorre todo el pueblo de Rute para contemplación de sus devotos hasta llegar al Parque que lleva su nombre, donde se exhibe un colorista espectáculo pirotécnico. Posteriormente, la procesión sigue su trayecto al compás de la Salve Marinera, siendo trasladada de vuelta nuevamente a su santuario. Concluyen así unas fiestas que prácticamente enlazan con el comienzo inminente de la Feria Real.

    Feria Real (del 24 al 28 de agosto)

    Originariamente se trató de un mercado del ganado, extinguido durante muchos años y actualizado en la edición de 2001 con un concurso de desfile de caballos. Son éstas las fiestas oficiales del Ayuntamiento, que organiza un programa de actuaciones en el que se procura dar cabida a todos los gustos, con la contratación de diversos grupos y artistas que ofrecen su espectáculo en el recinto de la Caseta Municipal.

    Fiestas en las aldeas.

    Además de la mencionada romería de San Isidro, las aldeas de Rute tienen su propio espacio para la diversión y para la devoción a las imágenes de estas pedanías.

    *  Las Piedras

    Romería de San Isidro (tercer domingo de mayo): Durante años fue una fiesta a medio camino entre el núcleo urbano de Rute y la vecina aldea de Las Piedras. Por la mañana se iniciaba la romería desde la ermita de la Vera Cruz, pasando por varias calles hasta llegar a la entrada de la carretera de Priego, donde la imagen de San Isidro Labrador era transportada hasta su ermita en Las Piedras. Desde hace tiempo las fiestas de San Isidro se circunscriben a su aldea. Allí se celebran a lo largo del día concursos de carrozas, actividades deportivas y comidas campestres. La procesión sale en dos ocasiones: por la mañana, tirada por bueyes, recorre el resto de diseminados de la zona. Ya por la tarde, llevada por hermanos de varal, se centra en Las Piedras y Palomares.

    *  La Hoz

    El día 2 de septiembre tiene lugar la fiesta patronal, con la salida en procesión del cuadro de la Virgen del Consuelo. Esta fiesta incluye, además de la velada, un concurso de troveros.

    *  Zambra

    Procesión de Ntro. Padre Jesús Nazareno y Ntra. Sra. de los Dolores: con salida el Viernes Santo, la comitiva recorre los principales puntos de la aldea, para volver a la capilla de Nuestra Señora de Gracia.

    Fiestas de San José: se celebran el día 1 de mayo.

    Fiesta de la Virgen de Gracia: tiene lugar el segundo domingo de octubre, y en programa se incluyen la clásica “suelta de la vaquilla” y el “vuelo del pavo”. La procesión por la noche de la Virgen de Gracia ofrece el baile de la imagen a hombros de los costaleros.

    *  Los Llanos de Don Juan.

    Fiesta Ntra. Sra. del Carmen: se celebra el tercer sábado de agosto.

  • Rute, Pueblo del Anís

    Con todo merecimiento Rute es conocido como el pueblo del anís, y así reza el cartel de bienvenida situado a su entrada, debido a la abundancia de destilerías de este licor, tanto en sus variedades seco como dulce. En efecto, las destilerías de Rute acumulan una tradición de gran solera, de forma que si hay algún rasgo de identidad típico del pueblo y por el que es conocido fuera de sus contornos es el anís o aguardiente seco o dulce, elaborado de forma exclusivamente artesanal, heredada y mantenida a lo largo de siglos, en las destilerías, donde también se pergeñan diversos y no menos sugerentes licores, como pacharán, licor de guindas o rosoli.
    Todo este proceso tradicional puede contemplarse en sendas visitas al Parque Temático del Anís o al Museo del Anís, donde se conservan infinidad de objetos relacionados con la destilación, como alambiques de cobre, tinajas de barro, medidas, maquinaria antigua y hasta legajos que datan de 1655, amén de series dedicadas a familias reales, políticos, escritores, artistas y toreros, que permiten reconstruir en buena medida la Historia del pueblo. Desde hace unos años, además, las fábricas de más raigambre se han agrupado bajo la Asociación de Fabricantes de Anisados y Licores de Rute. Escritores españoles de renombre mundial como Valle Inclán, Rafael Alberti o el Nobel Camilo José Cela han citado en alguna de sus obras la calidad del aguardiente ruteño.

    Dulces de navidad y pastelería artesanal

    Aparte del anís, sin duda el otro rasgo distintivo de Rute son sus dulces de navidad, famosos en toda Andalucía y fuera de ella. Destacan especialmente sus mantecados, polvorones, mazapanes, alfajores y hojaldrinas, que con el tiempo han llegado a igualarse o superar los más clásicos y prestigiosos de la comunidad andaluza, como los de Estepa, Montoro o Alcaudete. Esto les ha valido el reconocimiento con el distintivo “Alimentos de Andalucía”.
    Las diferentes empresas ruteñas del sector han creado en los últimos años sus respectivos museos, en los que se puede recorrer la historia del mantecado en nuestro pueblo y comprobar hasta dónde puede llegar la creatividad artística de los maestros pasteleros con un puñado de azúcar y chocolate en sus manos. La calidad de los dulces de navidad ruteños ha sido alabada por personajes como Alberti, Pablo García Baena, Fernando Quiñones o el cantaor “Fosforito”.
    No son, con todo, los dulces de Navidad los únicos que se pueden paladear en Rute, ya que con el tiempo ha ido germinando de forma paralela una industria del dulce que excede las limitaciones de las fechas navideñas, sirviendo como muestra inmejorable los hojaldres o los piononos.

    El jamón de Rute

    Hasta el siglo XIX los jamones serranos de Rute gozaban de gran prestigio, pero esos tiempos de gloria entraron en crisis tras la desaparición de los encinares casi en su totalidad. Prueba de esta fama son las referencias literarias de Miguel de Cervantes en dos de sus novelas ejemplares, La gran sultana doña Catalina de Oviedo y El casamiento engañoso, donde decía: “…y si la convalecencia lo sufre, unas lonjas de jamón de Rute nos harán la salva”. Cuatro siglos después continuaba cantando sus excelencias nada más y nada menos que un Premio Nóbel como Camilo José Cela en su libro Primer viaje andaluz.
    Históricamente, puede servir de ejemplo la donación de trescientos jamones de Rute que hizo el Duque de Medina Sidonia al Rey Felipe IV tras la visita de éste al coto de Doñana. La cifra es suficientemente significativa respecto al desarrollo que por entonces tuvo la industria artesana del jamón. En efecto, el mencionado entorno de encinas y viñas junto al enclave de la población propiciaron esta crianza fructífera del cerdo, con una fabricación de embutidos a la manera artesanal que se extiende hasta nuestros días. El deseo de mantener esta tradición, así como de fomentar los embutidos y todo tipo de derivados se plasmó hace unos años en la Casa Museo del Jamón, donde los herederos de la familia Jiménez-Bueno acreditan una labor iniciada hace más de sesenta años.

    Aceite de oliva

    Rute se halla rodeado por un inmenso bosque de olivos, que producen unos de los mejores aceites de oliva del mundo. En las numerosas almazaras existentes en el pueblo se puede adquirir el aceite de oliva virgen, recién extraído de la aceituna, un producto indispensable para la sana y rica dieta mediterránea.

    Platos típicos: tradición familiar

    La gran gastronomía ruteña se basa en buena parte en las recetas de familia tradicionales, que han ido transmitiéndose de generación en generación, en algunos casos de forma casi anónima, pero llegando hasta nuestros días. Lejos de desaparecer, gozan de un resurgir gracias, en buena parte, al desarrollo turístico de la zona, al reconocimiento de la dieta mediterránea como una de las más ricas y sanas y al cambio en los gustos de los nuevos visitantes, que buscan precisamente conocer y disfrutar de esas viejas tradiciones.
    Entre las variedades culinarias de Rute destaca su amplia gama de presentaciones de las aceitunas de mesa: enteras, rajadas, partidas, con ajos, tomillo, romero… Conocidos son los chicharrones (enjundias de cerdo y sal) o los guisos de caracoles, aderezados con pimienta, guindilla o hierbabuena. Igualmente atractivas y numerosas son las sopas ruteñas: la sopilla (con hueso de jamón y carne de pavo o gallina), la de espárragos o la de gato (con pimiento y tostones). Entre los cocidos no debe quedarse atrás la olla de cardillos, con tocino, morcilla y patatas. Y, en fin, cabe al menos mencionar otros platos no menos apetitosos como las tortillas de almendras, chivo al cabañil, zorzales fritos o coñarras de bacalao. Pero si hay un plato típico y único de Rute, ése es el pizporrete, ideal para la temporada de calor, variante exclusiva a medio camino entre el salmorejo, la pipirrana o la porra antequerana.

    Postres

    Aparte de la riqueza de dulces de navidad y pastelería artesanal, destacan postres tradicionales como las papuecas o frutas de sartén, también consumidas en el desayuno con el café, el chocolate o la miel. Rico es el repertorio de gachas, sean de higos, de leche o de harina y picatostes, así como el de roscos, donde sobresalen los de olla, fritos, de vino, de leche o en almíbar. Y, por supuesto, no se deben quedar atrás los clásicos pestiños y rosquillos, aunque estén más reducidos a la época de Semana Santa.