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Rute, Pueblo del Anís
Con todo merecimiento Rute es conocido como el pueblo del anís, y así reza el cartel de bienvenida situado a su entrada, debido a la abundancia de destilerías de este licor, tanto en sus variedades seco como dulce. En efecto, las destilerías de Rute acumulan una tradición de gran solera, de forma que si hay algún rasgo de identidad típico del pueblo y por el que es conocido fuera de sus contornos es el anís o aguardiente seco o dulce, elaborado de forma exclusivamente artesanal, heredada y mantenida a lo largo de siglos, en las destilerías, donde también se pergeñan diversos y no menos sugerentes licores, como pacharán, licor de guindas o rosoli.
Todo este proceso tradicional puede contemplarse en sendas visitas al Parque Temático del Anís o al Museo del Anís, donde se conservan infinidad de objetos relacionados con la destilación, como alambiques de cobre, tinajas de barro, medidas, maquinaria antigua y hasta legajos que datan de 1655, amén de series dedicadas a familias reales, políticos, escritores, artistas y toreros, que permiten reconstruir en buena medida la Historia del pueblo. Desde hace unos años, además, las fábricas de más raigambre se han agrupado bajo la Asociación de Fabricantes de Anisados y Licores de Rute. Escritores españoles de renombre mundial como Valle Inclán, Rafael Alberti o el Nobel Camilo José Cela han citado en alguna de sus obras la calidad del aguardiente ruteño.
Dulces de navidad y pastelería artesanal
Aparte del anís, sin duda el otro rasgo distintivo de Rute son sus dulces de navidad, famosos en toda Andalucía y fuera de ella. Destacan especialmente sus mantecados, polvorones, mazapanes, alfajores y hojaldrinas, que con el tiempo han llegado a igualarse o superar los más clásicos y prestigiosos de la comunidad andaluza, como los de Estepa, Montoro o Alcaudete. Esto les ha valido el reconocimiento con el distintivo “Alimentos de Andalucía”.
Las diferentes empresas ruteñas del sector han creado en los últimos años sus respectivos museos, en los que se puede recorrer la historia del mantecado en nuestro pueblo y comprobar hasta dónde puede llegar la creatividad artística de los maestros pasteleros con un puñado de azúcar y chocolate en sus manos. La calidad de los dulces de navidad ruteños ha sido alabada por personajes como Alberti, Pablo García Baena, Fernando Quiñones o el cantaor “Fosforito”.
No son, con todo, los dulces de Navidad los únicos que se pueden paladear en Rute, ya que con el tiempo ha ido germinando de forma paralela una industria del dulce que excede las limitaciones de las fechas navideñas, sirviendo como muestra inmejorable los hojaldres o los piononos.
El jamón de Rute
Hasta el siglo XIX los jamones serranos de Rute gozaban de gran prestigio, pero esos tiempos de gloria entraron en crisis tras la desaparición de los encinares casi en su totalidad. Prueba de esta fama son las referencias literarias de Miguel de Cervantes en dos de sus novelas ejemplares, La gran sultana doña Catalina de Oviedo y El casamiento engañoso, donde decía: “...y si la convalecencia lo sufre, unas lonjas de jamón de Rute nos harán la salva”. Cuatro siglos después continuaba cantando sus excelencias nada más y nada menos que un Premio Nóbel como Camilo José Cela en su libro Primer viaje andaluz.
Históricamente, puede servir de ejemplo la donación de trescientos jamones de Rute que hizo el Duque de Medina Sidonia al Rey Felipe IV tras la visita de éste al coto de Doñana. La cifra es suficientemente significativa respecto al desarrollo que por entonces tuvo la industria artesana del jamón. En efecto, el mencionado entorno de encinas y viñas junto al enclave de la población propiciaron esta crianza fructífera del cerdo, con una fabricación de embutidos a la manera artesanal que se extiende hasta nuestros días. El deseo de mantener esta tradición, así como de fomentar los embutidos y todo tipo de derivados se plasmó hace unos años en la Casa Museo del Jamón, donde los herederos de la familia Jiménez-Bueno acreditan una labor iniciada hace más de sesenta años.
Aceite de oliva
Rute se halla rodeado por un inmenso bosque de olivos, que producen unos de los mejores aceites de oliva del mundo. En las numerosas almazaras existentes en el pueblo se puede adquirir el aceite de oliva virgen, recién extraído de la aceituna, un producto indispensable para la sana y rica dieta mediterránea.
Platos típicos: tradición familiar
La gran gastronomía ruteña se basa en buena parte en las recetas de familia tradicionales, que han ido transmitiéndose de generación en generación, en algunos casos de forma casi anónima, pero llegando hasta nuestros días. Lejos de desaparecer, gozan de un resurgir gracias, en buena parte, al desarrollo turístico de la zona, al reconocimiento de la dieta mediterránea como una de las más ricas y sanas y al cambio en los gustos de los nuevos visitantes, que buscan precisamente conocer y disfrutar de esas viejas tradiciones.
Entre las variedades culinarias de Rute destaca su amplia gama de presentaciones de las aceitunas de mesa: enteras, rajadas, partidas, con ajos, tomillo, romero... Conocidos son los chicharrones (enjundias de cerdo y sal) o los guisos de caracoles, aderezados con pimienta, guindilla o hierbabuena. Igualmente atractivas y numerosas son las sopas ruteñas: la sopilla (con hueso de jamón y carne de pavo o gallina), la de espárragos o la de gato (con pimiento y tostones). Entre los cocidos no debe quedarse atrás la olla de cardillos, con tocino, morcilla y patatas. Y, en fin, cabe al menos mencionar otros platos no menos apetitosos como las tortillas de almendras, chivo al cabañil, zorzales fritos o coñarras de bacalao. Pero si hay un plato típico y único de Rute, ése es el pizporrete, ideal para la temporada de calor, variante exclusiva a medio camino entre el salmorejo, la pipirrana o la porra antequerana.
Postres
Aparte de la riqueza de dulces de navidad y pastelería artesanal, destacan postres tradicionales como las papuecas o frutas de sartén, también consumidas en el desayuno con el café, el chocolate o la miel. Rico es el repertorio de gachas, sean de higos, de leche o de harina y picatostes, así como el de roscos, donde sobresalen los de olla, fritos, de vino, de leche o en almíbar. Y, por supuesto, no se deben quedar atrás los clásicos pestiños y rosquillos, aunque estén más reducidos a la época de Semana Santa.